CONTADOR VISITAS

Mostrando entradas con la etiqueta alfredo moffat. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alfredo moffat. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de febrero de 2011


Elegir ser Psicólogo Social, es una verdadera elección de vida si uno se mueve desde la ideología profunda del trabajar y trabajarse,del copensar, de lo comunitario, de la construcción en la vida cotidiana, del saber que quien padece nos está esperando, del romper la estereotipia, del planificar la esperanza...
Colegas, Compañeros y Amigos, les regalo éste fragmento escrito por el grande de Moffat, y repensemos el sacudirnos el polvo, el hacer ruido con creatividad y compromiso y el lograr ratificar nuestra madurez como profesionales a los ojos de los vendados...

Mabel Ieraci



EL VERDADERO PENSAMIENTO DE PICHON ESTA REPRIMIDO
(POR ALGO SERÁ)
-FRAGMENTO-
ALFREDO MOFFATT
Revista de la Asociación de Psicólogos sociales de la República Argentina 10 de junio 1996...Pichón era molesto para el poder, por eso lo echaron del manicomio y de la propia APA, (Asociación Psicoanalítica Argentina) que él había fundado, cuando los llamó "cafishios de la angustia".
Pichón te abría la cabeza, en realidad te la "partía en pedazos", para que vos luego armes tu rompecabezas con una nueva figura. Te hablaba de lo dramático en el sentido de llorar y reír, lo dramático como lo comprometido con la vida. Era muy seductor dando clases, era imposible aburrirse. El hacía referencia al aquí y ahora que estaba sucediendo, y usaba, desde un lenguaje sofisticado, hasta el lunfardo más rantifuso. Sentías que con la ciencia que él te explicaba, entendías tu vida.
Era travieso (Winnicottiano), proponía el juego como modo de aprendizaje. Parecía viajar por las edades, a veces tenía su edad, y otras veces parecía de seis años y se permitía travesuras; a veces tenía ochenta y seis y hablaba de la muerte.
Manejaba la espontaneidad en todos los órdenes, daba sorpresas. Todo desde un impecable y rigurosísimo método científico y un develador análisis de la realidad. Juntaba la ciencia y el arte, era el Pichón razonable, terapeuta organizador del caos.
Muy estudioso, profundo investigador, leía y conocía todas las corrientes. Su casa era un caos de libros. Tenía interés por todo, Pintura, Ecología, Cibernética, el pensamiento filosófico. Tenía una gran cultura literaria y artística, de una formación universal como he conocido pocos.
También podía ser un finísimo profesor francés (Ginebrino), un exquisito psicoanalista, y a la vez podía estar cómodo con un grupo de vagos en una cantina atorranta. Contenía todo lo humano.
Después de su muerte sentí que, para mí, no había más maestros. En su relación conmigo está presente ese estilo amoroso irónico jodón; recuerdo que me decía, "vos sos mi hijo putativo" (y me dejaba pensando sobre las ventajas de la "putatividad maternal").
Para terminar este artículo (seguro que polémico), diremos que en esta época de desconcierto y confusión aceptamos sin culpa usar un Pichón light. El otro está reprimido, igual que otras cosas, como lo solidario, lo ético y el sentimiento de justicia social, pero recordemos que existe el otro Pichón y que cuando este país reencuentre su proyecto de destino y salgamos del pozo, vamos a necesitar en la psicoterapia, en la socioterapia, el pensamiento vigoroso, transgresor y creativo de Enrique Pichón Rivière.

lunes, 15 de noviembre de 2010


VEJEZ por Alfredo Moffat

La negación de la edad es una tontería. Yo tenía miedo a esta etapa que empieza después de los sesenta años. Ahora, que más o menos estoy instalado en ella (tengo setenta y tres años), me doy cuenta que se me ha simplificado la vida, y la mayor parte de las cosas que antes me preocupaban, ahora creo que son boludeces, pero quedó lo esencial: el amor, los hijos, la justicia social, la solidaridad (y también el dulce de leche y la crema chantilly…)

Esta edad no está tan mal, el tema de la muerte siempre angustia, pero yo creía que iba a ser peor. Es una tontería hacerse el pendejo, fíjense si tuviera que ir al gimnasio, sería todo un laburo y no podría gozar de esto de hacerme el filósofo. Cuando cumplí sesenta años hice una fiesta en la Escuela. Y dije: tengo dos caminos, o me convierto en un viejo sabio, o en un viejo pelotudo. Lo último me pareció aburrido. Cuando no asumís la edad, no gozás ni la una ni la otra.

El temor a la vejez hace que la ocultemos, que sea considerada como algo indigno, a ocultar en un geriátrico porque ya no servimos más.

Acá en la Argentina tenemos la cultura de Mirta Legrand, pobre Mirta, para conservar la juventud debe usar una máscara de cirugía y no está gozando de esa edad.
Cuando estuve en Estados Unidos había una actriz que había sido muy famosa, Bette Davis, que ya estaba muy viejita y tenía el rostro con las arrugas del tiempo. Era conductora y tenía un programa muy respetado, en el que podía decir cosas sabias, porque estaba cómoda en esa edad, era creíble.

También en Italia, estando en una plaza de Roma, pude ver que estaban todos los viejitos (los respetados nonos) jugando a las cartas y tomando Cinzano, con gran dignidad, y la gente iba a preguntarles cosas. El que vio la película casi hasta el final, sabe perfectamente cómo es, y puede avisarle a los otros cómo viene la mano de la vida.

Pero en la Argentina, cuando llegás a esta etapa, te meten en un geriátrico y no aprovechan la historia, que es necesaria para construir el futuro.

En el Amazonas no hay jubilación de viejos. Yo fui hace muchos años, de aventurero, con mochila y bolsa de dormir, y ahí estaban los viejitos de la tribu mirando el río Xingú que desemboca en el Amazonas. Y pensé: "Ahí está la biblioteca nacional"... Uno sabía de partos, otro de canoas, otro de plantas medicinales, a ellos los cuidaban mucho, porque eran los transmisores de la sabiduría, no había transmisión escrita (se moría el de las canoas y tenían que cruzar nadando…) Tenían una dignidad como los que vi en la India. Allí, en el proceso de vida, se respetan todas las etapas.

En estos países de la cultura occidental, tecnológica, donde lo que no es nuevo hay que tirarlo, lo mismo se hace con los seres humanos, y eso es una tontería. En la cultura norteamericana todos tienen que ser jóvenes y lindos.

Hay una etapa de la vida en que uno es niño, otra en que es joven, otra donde es adulto y otra donde es viejo. Nosotros atravesamos las cuatro etapas de la vida, si negamos una, vamos a tener problemas. Si se nos niega la infancia vamos a perder la creatividad, si se nos reprimió la adolescencia, vamos a perder la rebeldía.

Lo importante es seguir creciendo, es como pasar por distintas estaciones. En cada una hay que bajarse y tomar el otro tren (son las crisis evolutivas). Algunos se bajan en una y ahí se quedan, no siguen en el viaje de la vida.

Cuando no se transita uno de los pasajes evolutivos, se produce una perturbación. Si la niña no puede genitalizarse, queda en un vínculo infantil y no asume sus posibilidades de hacer pareja, es la hija que queda captada por un padre muy sometedor, tiene cuarenta años y vive con el padre. Pero no puede hacer pareja con el padre por el incesto y por la diferencia de edad, son dos mundos distintos. Lo mismo ocurre con el varón, cuando muere el padre, y la madre lo coloca en el rol del hombre de la casa. Ese adolescente empieza a desfasarse de su objeto sexual, que es una novia, y es el típico solterón, o se casa y tiene problemas, no se despegó de la madre.

La concentración urbana genera la familia nuclear: papá, mamá y uno o dos hijos, donde es tan pequeño el espacio, que no cabe el abuelo, va al geriátrico, después tienen que mandar al nieto a la guardería, pero ¿quiénes son los mejores cuidadores para el nieto? el abuelo y la abuela. ¿Qué mejor maestra jardinera que un abuelo o una abuela? Ambos están fuera de la producción, fuera de la tensión necesaria para la lucha cotidiana, ambos están en el mundo de lo imaginario...

En Santiago del Estero el tata viejo es un personaje muy importante. Es el que sabe la historia de la familia, transmite la información, los agüelos cuidan al gurí, las dos puntas de la vida se complementan.

En nuestro país la vejez está desvalorizada, los viejos son marginados, el cambio social fue tan brusco que su experiencia habla de una Argentina que perdimos, si terminan en el geriátrico, los tratan como chicos, los retan y los humillan, se deprimen y aparecen todas las enfermedades que tienen que ver con las bajas defensas.

En cambio, en las sociedades más sanas, esta es una época muy rica, porque es la de la reflexión, que es parecida al juego y la creatividad, pero ya después de haber visto la película entera y haberla entendido. Es como el que viajó mucho y ahora puede ver el panorama del viaje.

La última etapa es lo que se llama la senectud, que a veces tiene un deterioro grave, neuronal, de las funciones mentales. De todas maneras, el final del proceso de la vida, que es la muerte, es un tema negado en nuestra cultura. El final, la agonía, a veces tiene características traumáticas, como algunos partos, al inicio. Los humanos somos todos de la tribu de los "Uterumbas", porque vamos del útero a la tumba.

Se puede estar en cualquier edad, incluso setenta, ochenta años, y el que tiene un proyecto se aleja de la muerte. Eso lo vi en Pichón anciano, él decía: “la muerte está tan lejos como grande sea la esperanza que construimos”, el tema es la construcción de la esperanza. ¿Cómo la podés construir?, si esa historia tiene sentido y se arroja adelante como esperanza.

Padres que no le tienen miedo a la muerte hacen hijos que no le tienen miedo a la vida.

Alfredo Moffat - Psicólogo
“Terapia de Crisis. La emergencia psicológica"

domingo, 3 de octubre de 2010

Invitan a un taller de Violencia institucional y terapia de crisis

El Observatorio de Proceso Psicosocial invita a participar del seminario-taller Violencia institucional y terapia de crisis, a cargo de Alfredo Moffat, el día 15 de octubre de 9 a 19, en el centro cultural La Vieja Usina.

En el seminario-taller también se presentará el medio-metraje “El Hereje”, donde se rescata la historia y trayectoria de Alfredo Moffat como uno de los referentes más importantes de la Psicología Social de la Argentina y discípulo de Enrique Pichón Riviere.

La invitación está dirigida a todas aquellas personas que de alguna u otra manera, no sólo están vinculados al campo de la salud comunitaria, sino también comprometidas, preocupadas y “ocupadas” en estrategias de abordaje de las problemáticas psico-sociales que surgen como emergentes del contexto social, político, económico y cultural actual.

En un parte de prensa se informó a AIM que se habla de problemáticas “estrictamente vinculadas a la exclusión social, frente a las cuales las políticas públicas que el Estado propone, configuran respuestas parciales que no garantizan el pleno acceso a la salud como derecho social, y no como mercancía”.

“Creemos que somos muchos los que trabajamos en el ámbito de la salud pública, y que desde nuestras 'respectivas trincheras' defendemos diariamente esta idea de accesibilidad a la salud, enfrentándonos la mayoría de las veces con los obstáculos que, paradójicamente, el propio Estado va poniendo en el camino de la defensa de esta causa.

De allí que muchas veces surge la necesidad de crear espacios alternativos, en los cuales nos permitamos la libertad de pensar y hacer con otros desde un paradigma diferente, que garantice el protagonismo de la comunidad en su propia salud”.


En ese marco se comenzó a esbozar “aquellas ideas y ganas que fueron conformando el Observatorio Psicosocial, una Asociación Civil integrada por profesionales provenientes de diversos campos, pero unidos por el mismo objetivo: 'generar proyectos de investigación, formación e intervención sobre problemáticas socio-comunitarias, desde una perspectiva psicosocial'”.

Dónde y cuándo
El seminario-taller “Violencia institucional y terapia de crisis”, a cargo de Alfredo Moffat, será el 15 de octubre, de 9 a 19, en el centro cultural La Vieja Usina.

lunes, 26 de julio de 2010


“Inventar ideas para curar vidas”
“Trabajé con pobres, con locos, con chicos, adentro del país, afuera del país –dice Moffat–. Me desgasté, trabajé demasiado. Entonces lo que quiero hacer ahora es que eso sirva para que otros sigan aliviando el dolor de los que no tienen terapia, el dolor de los que están desamparados.”


PAGINA 12
C Por Marcela Stieben
–¿Cuándo nació su deseo de ser arquitecto y psicólogo social?

–Ser arquitecto nunca fue un deseo mío. Fue una imposición de mi papá, que era muy insistente. El había querido ser ingeniero civil y era maestro mayor de obras. El creía que yo era él. Hay padres que se confunden. En segundo año de Arquitectura yo me había cambiado a Medicina, que era lo que yo quería ser. Yo quería ser médico. Terminé la carrera de Arquitectura en la UBA en 1960, le di el título a mi papá, pero nunca ejercí. Soy médico de almas.

–Es bravo hacer una carrera larga y costosa como Arquitectura sin querer hacerla. ¿Hacía los planos y todo a desgano o algo le gustaba?

–No, no me gustaba. La parte de arte sí me gustaba un poquito: llegué a profesor adjunto en Historia del Arte en la UBA. ¡Tenía una formación estética fuerte!

–Y finalmente fue psicólogo social.

–Sí, con Enrique Pichón Rivière. Estuve diez años al lado de Pichón. El decía que yo era su hijo “putativo” (risas). Fue el maestro, realmente. Era un maestro zen, desconcertante, nada convencional. Yo ya era raro de antes, así que nos juntamos y nos hicimos amigos enseguida. Cuando nos conocimos reforcé mis partes más insólitas y de trabajos alternativos, de formas fuera del sistema académico. Pichón me nombró “médico de almas”. El consideró que yo podía trabajar curando gente.

–¿Siente que curó a muchos pacientes?

–¡Cientos, miles! En forma directa debo de haber tenido unos 500 pacientes y después tengo cerca de 50.000 indirectos. En El Bancadero cerca de 40.000 personas se aliviaron.

–De todo lo que hace día a día, que es mucho, ¿qué es lo que más le importa?

–Ahora estoy haciendo que no se pierdan unos 50 años de trabajo. Más que todo es eso porque de golpe me di cuenta de que me volvía viejo. Tengo 76 años...

–¿Qué día nació?

–El 12 de enero de 1934. Nací en el hospital Rivadavia el 12 de enero de 1934 y fui criado hasta los cuatro años por mi familia materna alemana. Eran inmigrantes que llegaron a Comodoro Rivadavia a fines de la Primera Guerra Mundial y comenzaron a luchar desde abajo. De mi madre recibí el mandato de vencer las dificultades, ya que ella venía de la guerra y llegó a la Argentina con sólo 12 años. Y de mi familia paterna heredé la distancia inglesa, que me sirve para preservarme en la terapia con situaciones límite. Viví tantos años e hice tantas cosas que me parece que hubiera nacido en el 1800... Tengo miedo de irme y que se pierda la experiencia de una persona que durante 50 años estuvo trabajando con el dolor psicológico de los que más sufren.

–Suele mencionar su edad en discursos y conferencias, ¿por qué lo reitera tanto?

–Es que por tradición, siento que me quedan ocho años... Para la muerte me guío por mi familia inglesa y mi bisabuelo inglés, mi abuelo y mi padre murieron a los 84 años. Así que, en principio, viviré hasta los 84 años. Puede ser que sea más, ¡pero por lo menos tengo asegurada la vida hasta los 84 años! Mi preocupación ahora, a mis 76 años, es poder transmitir 50 años de experiencia en trabajos con la pobreza y la locura, desarrollando teorías y técnicas. Más que enseñar yo hablo de entrenarse para trabajar con chicos de la calle, con jóvenes violentos, con drogadictos y fundamentalmente con psicóticos, tanto en el Hospital Borda como en los principales manicomios de Latinoamérica.

–En la contratapa de su último libro dice que la Terapia de Crisis tiene como fundamento epistemológico la filosofía existencial, que percibe al hombre como un proyecto, un ser arrojado a su futuro.

–Sí, así es. Las crisis psicológicas ocurren ante transformaciones inesperadas. En los momentos de discontinuidad de esa aventura del existir, el yo queda solo y paralizado. La mirada del otro es lo que me define, yo existo en ese transcurrir del encuentro.

–En el capítulo dedicado a la Depresión, en el mismo libro (Terapia de Crisis, la emergencia psicológica), señala que cuando falla el mecanismo que transforma la pérdida en recuerdo se instala el fantasma de la depresión.

–El depresivo se vincula con un fantasma que es alguien que está y no está. Como queda abrazado a lo perdido y pierde los brazos para vincularse con personas reales, vive en el pasado. Las causas pueden ser de dos tipos: una por pérdida traumática (orfandad, pérdidas importantes que no tuvieron proceso de duelo, que no pudieron llorarse y compartirse) y la otra es por no haber tenido un hogar donde se le enseñara el deseo, la exploración del mundo, sólo aprendió la desesperanza, son familias grises, escuelas de frustración. El diálogo es interior y tiene como argumento el reproche o la culpa. El mundo le es ajeno y lejano, su percepción es endoperceptiva (está dirigida hacia adentro).

–En su página web tiene miles de fotos de todos los seminarios que da por el mundo y muchísimos textos útiles para los que trabajan con la comunidad.

–Es importante que ponga mi página web porque es una enciclopedia con 3000 páginas, 1000 documentos fotográficos y mis libros que se pueden descargar gratis (www.moffatt.org.ar). Cuando yo veo todo lo que hice, leyendo en la página todos los documentos, pienso: ¡un solo hombre no pudo haber hecho tantas cosas! Trabajé con pobres, con locos, con chicos, adentro del país, afuera del país... ¡Me desgasté, trabajé demasiado! Entonces lo que quiero hacer ahora es que eso sirva para que otros sigan aliviando el dolor de los que no tienen terapia, el dolor de los que están desamparados. El arte permite entender la vida cuando la ciencia no tiene respuestas. Nos permite dar un sentido profundo a la aventura de existir. El trabajo organiza las redes comunitarias, las instituciones... Y los grupos estructuran la vida cotidiana.

–Si hoy se cumpliera uno de sus sueños y lo designaran director del Hospital Borda, ¿qué revolución haría?

–En 24 horas puedo cambiar el Borda, porque tengo la experiencia. Haría una comunidad terapéutica. El paciente pasa a ser un protagonista de su propia cura. Esas 12 manzanas del Borda se transforman en un pequeño pueblo donde hay asambleas de comunidad, grupos terapéuticos, psicodrama y terapias familiares. Casi todo lo contrario de lo que hoy se hace.

–Es poder incorporar al paciente como ser humano, mirar su alma y no verlo como un depósito de pastillas.

–Es organizarlo como un pueblo con reuniones de asambleas de comunidad, con elección de autoridades, e inmediatamente la persona deja de ser un objeto, digamos un ente psicótico, para ser una persona. Mi especialidad son los psicóticos. Lo que más me interesa es arte y locura, pero uno a veces tiene que salir del hospicio porque afuera están más locos que adentro. A veces nos maltratamos mucho. Como dice Cristina: deberíamos querernos más.

–Puntualmente, ¿cuál sería la primera medida que tomaría si se concretara su fantasía de ser nombrado director del Borda?

–Para realmente arreglar el tema de la salud mental, para humanizarla y evitar esos depósitos de destrucción de almas que son los manicomios, si fuera director del Borda, también pediría ser decano de la Facultad de Psicología porque entonces pongo las dos instituciones juntas, en un mismo lugar, y hago un hospital escuela. Por la mañana curan y por la tarde estudian. Como en Medicina. Yo empecé primer año de Medicina, quería ser médico, y llegué a ser médico de almas. La Radio La Colifata y la Cooperanza demuestran que estas personas que son acusadas de locas pueden ser de lo más sensatas. Cualquier persona puede ir a las tres de la tarde al Borda, donde funciona desde hace 24 años, ininterrumpidamente, y verlo.

–En los seminarios que dicta en las principales universidades de Colombia, Chile y otros países adonde lo invitan, ¿cuál es la principal inquietud de los alumnos?

–Cómo hacer. Lo que más les importa es qué hacemos nosotros. Si diera psicoanálisis diría: hay que tener un diván, hay que tener pacientes relajados que asocien libremente y hay que detectar la situación edípica, etc. Nosotros trabajamos desde grupos usando el psicodrama, grupos operativos, es otra modalidad completamente distinta.

–Yendo a su vida personal: ¿está solo o tiene pareja?

–Estoy de novio con Daniela, una alumna mía de 23 años. Yo no tengo la culpa de que a ella le gusten los abuelitos. Se enamoró de mí y yo respondí. Hace un año y tres meses que estamos juntos. No vivimos juntos, pero compartimos muchos viajes.

–¿Siente que es como beber de la Fuente de Juventud?

–Yo creo que Daniela tiene una maduración prematura que se encuentra con una parte infantil mía. Se encontraron aspectos adolescentes míos con aspectos maduros suyos.

–¿Piensa ser padre nuevamente?

–¡Nooooooooo! Está descartado eso. ¡El nuestro es un encuentro existencial fuerte!

–¿Ella lo ayuda con la escritura de sus libros?

–Sí, y me ayuda en la Escuela también. Ella es muy cariñosa y nos llevamos bien.

–¿Daniela está por recibirse de psicóloga social?

–Sí, termina este año. Y, por supuesto, se recibe sin examen (risas). Fuimos juntos a Uruguay y a Salta. En Tartagal fui a dar el seminario “Primeros auxilios psicológicos”. Trabajo mucho con los sindicatos docentes que me convocan para darles seminarios a psicólogos y maestras. Yo entreno a los que trabajan con gente lastimada. Estuvimos una semana y fue difícil porque el clima es muy húmedo y muy caluroso. Me hizo mal y volví con una gripe, me dolían las articulaciones. Siento la edad, tengo problemas físicos y a veces pienso: ¿mire si me muero y no transmito todo lo que hice?

–Sé que usted edita sus propios libros, si alguien quiere leer su último texto, Terapia de Crisis, la emergencia psicológica, ¿puede verlo en su página web?

–Yo fui profesor de diseño gráfico y puedo ser autor, editor, distribuidor y librero. Con la ganancia de los libros nosotros sostenemos “las oyitas” (ollas populares en villas) y aunque con un solo click se pueden bajar mis textos desde la página web, a muchas personas les interesa tenerlos en papel y me compran los libros. Un editor me dijo: “Vos sos un autor suicida”. Pero a la gente, además de bajarlo, le gusta tenerlo y leerlo como libro, así que por suerte se vende y en los seminarios que dicto todos lo compran como libro de estudio. Y como tengo una economía de mínima, esto me da la independencia como para decir lo que yo veo y lo que yo pienso. No dependo de ningún partido político, ni de empresas ni de la Iglesia ni de nada, con lo cual tengo también un castigo académico de la Universidad de Buenos Aires (UBA). No pude volver a la Universidad después del proceso militar porque mi propuesta se opone a las formas ortodoxas de la psicoterapia. Esas formas ortodoxas, en general, están hechas para preparar psicológicamente a cierto sector social. No pueden operar con chicos de la calle, no pueden operar con adictos, no pueden operar con psicóticos.

–En agosto está comenzando un seminario dictado por usted y su equipo sobre “Técnicas psicodramáticas”. ¿A quién está destinado y en qué consiste?

–Sí, está destinado a quienes deseen adquirir conocimientos o necesiten técnicas para resolver situaciones conflictivas en escuelas, hospitales, familias, comunidades... Las técnicas psicodramáticas utilizadas son: formas de caldeamiento, armado de la escena, figura plástica y soliloquio, técnicas de regresión: ensueño dirigido, uso de objetos intermediarios, juegos dramáticos, escenas temidas y deseadas, uso de disfraces y máscaras... Y los temas básicos a desarrollar durante el seminario que daré en el último cuatrimestre de este año tienen los siguientes temas básicos a desarrollar: la infancia (la matriz de identidad, técnicas de regresión, el paquete generacional y los ancestros, el niño fantasma y los juegos infantiles); los miedos (de la indefensión a la potencia; las escenas temidas; simultaneidad; contracción-miedo; de lo temido a lo deseado); la soledad (aprender la despedida, los personajes y los lugares ausentes; diálogo con lo perdido y el reencuentro; el diálogo interior); los vínculos (el encuentro en el aquí-ahora, conflicto generacional; la violencia como vínculo; la sexualidad), la creación (el proyecto, el tema del futuro; uso de disfraces y máscaras; música, danza y esquema corporal; el camino nuevo y juego con lo imprevisto). Las opciones horarias son: viernes de 19 a 22 o sábados de 14 a 17, en la Escuela: Rivadavia 3482, cerca de Once, en la Ciudad de Buenos Aires. Yo vivo también ahí. Tengo mi escuela y mi casa. Me resulta práctico. Y también voy a dar un curso ahora en agosto.

–¿De qué se trata ese curso?

–Se llama Curso de Primeros Auxilios Psicológicos. Es un curso teórico práctico en cuatro módulos (cuatro meses) destinado a quienes deseen adquirir conocimientos o necesiten técnicas para resolver situaciones conflictivas, tanto en una escuela, en un hospital, en la comunidad o en familias. Puse dos opciones horarias para que le quede cómodo a la gente que trabaja o estudia otra carrera y tiene que organizar sus horarios. Lo daré los martes de 10 a 13 o de 19 a 22 y consta de cuatro módulos.

–¿Y la carrera de Psicología Social comienza en su escuela cada año en marzo?

–También pusimos un primer año intensivo que empieza ahora en agosto para los que quieran comenzar ya. De agosto a diciembre es el primer año y en marzo del año próximo siguen la carrera normalmente. Se pueden poner en contacto para pedir informes en el mail: mirthaviamonte@hotmail.com Tengo muchos alumnos no sólo acá, en Buenos Aires, sino en las distintas sedes del interior, en Córdoba, Bahía Blanca, Neuquén y algunas otras. Para quien quiera comunicarse en La Plata con la Escuela de Psicología Social puede escribir a escuelamirthaviamonte@hotmail.com o llamar al teléfono: (0221) 15-4089-6911. En Tigre pueden llamar al 4684-1162 y la web de la Escuela de Psicología Social de Tigre es www.psicologiasocialtig.com.ar o el celular: (011) 15-6484-9117 y la Escuela de Psicología Social de Patagonia Norte tiene su página web también: www.surpsicosocial.com.ar.

–En Buenos Aires usted creó muchas instituciones de ayuda comunitaria, ¿podemos dar algunas direcciones y teléfonos para los que quieran colaborar como voluntarios o para el que necesite ser asistido de una u otra forma?

–¡Sí, claro! Hay muchos jóvenes y no tan jóvenes que ayudan y son solidarios. Desde hace muchos años funciona El Bancadero, una mutual de asistencia psicológica. El teléfono de El Bancadero es 4865-0923 y el horario de atención es de 16 a 20. El mail es: elbancadero@hotmail.com. Por otro lado están funcionando “las oyitas”, que son una red de ollas populares para chicos organizadas por sus madres en asentamientos y villas. Para conocer en detalle estas “oyitas” pueden ingresar en mi página o en la página web: www.oyitas.org.ar. Para la reparación de las redes comunitarias proponemos un enfoque en socioterapia y especialmente en técnicas de autogestión comunitaria con la utilización de estrategias alternativas.

–Conocí personalmente esa casona cuando fui al Bancadero en la década del ‘80 para hacerle un reportaje y vi la cantidad de gente que acudía para ser asistida.

–El Bancadero es totalmente autogestivo y es una prueba de que cuando se quiere hacer algo se puede. Si en un principio se hubiera contado como proyecto, la experiencia Bancadero no se hubiera realizado nunca porque habrían dicho que era imposible, lo habrían creído una cosa absurda e impracticable. Era el último año de la dictadura militar, estaba el general Bignone y había muchas personas en crisis que estaban realmente muy mal. Fue en ese momento cuando se me ocurrió crear un centro de salud mental alternativo, porque en ese momento no había ninguno y si alguien hacía algo así, obviamente la dictadura lo cerraba. Al comienzo se llamó Cooperativa de Salud Mental y funcionó en una vieja casona de la calle Gascón a la que arreglamos a pulmón poco a poco. No éramos unos improvisados, teníamos mucha experiencia en trabajo alternativo. Con nosotros estaban Tato Pavlovsky y Fernando Ulloa, entre otros.

Un arquitecto del tiempo
Por M. S.

viernes, 25 de junio de 2010

25 DE JUNIO: DÍA DEL PSICOLOGO SOCIAL


Con orgullo me festejo y los festejo en éste día, porque elegir ser Psicólogo Social, es una verdadera elección de vida si uno se mueve desde la ideología profunda del trabajar y trabajarse,del copensar, de lo comunitario, de la construcción en la vida cotidiana, del saber que quien padece nos está esperando, del romper la estereotipia, del planificar la esperanza...

Colegas, Compañeros y Amigos, les regalo éste fragmento escrito por el grande de Moffat, y repensemos el sacudirnos el polvo, el hacer ruido con creatividad y compromiso y el lograr ratificar nuestra madurez como profesionales a los ojos de los vendados...

Mabel Ieraci

EL VERDADERO PENSAMIENTO DE PICHON ESTA REPRIMIDO

(POR ALGO SERÁ) -FRAGMENTO-

ALFREDO MOFFATT

Revista de la Asociación de Psicólogos sociales de la República Argentina 10 de junio 1996...Pichón era molesto para el poder, por eso lo echaron del manicomio y de la propia APA, (Asociación Psicoanalítica Argentina) que él había fundado, cuando los llamó "cafishios de la angustia".
Pichón te abría la cabeza, en realidad te la "partía en pedazos", para que vos luego armes tu rompecabezas con una nueva figura. Te hablaba de lo dramático en el sentido de llorar y reír, lo dramático como lo comprometido con la vida. Era muy seductor dando clases, era imposible aburrirse. El hacía referencia al aquí y ahora que estaba sucediendo, y usaba, desde un lenguaje sofisticado, hasta el lunfardo más rantifuso. Sentías que con la ciencia que él te explicaba, entendías tu vida.
Era travieso (Winnicottiano), proponía el juego como modo de aprendizaje. Parecía viajar por las edades, a veces tenía su edad, y otras veces parecía de seis años y se permitía travesuras; a veces tenía ochenta y seis y hablaba de la muerte.
Manejaba la espontaneidad en todos los órdenes, daba sorpresas. Todo desde un impecable y rigurosísimo método científico y un develador análisis de la realidad. Juntaba la ciencia y el arte, era el Pichón razonable, terapeuta organizador del caos.
Muy estudioso, profundo investigador, leía y conocía todas las corrientes. Su casa era un caos de libros. Tenía interés por todo, Pintura, Ecología, Cibernética, el pensamiento filosófico. Tenía una gran cultura literaria y artística, de una formación universal como he conocido pocos.
También podía ser un finísimo profesor francés (Ginebrino), un exquisito psicoanalista, y a la vez podía estar cómodo con un grupo de vagos en una cantina atorranta. Contenía todo lo humano.
Después de su muerte sentí que, para mí, no había más maestros. En su relación conmigo está presente ese estilo amoroso irónico jodón; recuerdo que me decía, "vos sos mi hijo putativo" (y me dejaba pensando sobre las ventajas de la "putatividad maternal").
Para terminar este artículo (seguro que polémico), diremos que en esta época de desconcierto y confusión aceptamos sin culpa usar un Pichón light. El otro está reprimido, igual que otras cosas, como lo solidario, lo ético y el sentimiento de justicia social, pero recordemos que existe el otro Pichón y que cuando este país reencuentre su proyecto de destino y salgamos del pozo, vamos a necesitar en la psicoterapia, en la socioterapia, el pensamiento vigoroso, transgresor y creativo de Enrique Pichón Rivière.

martes, 2 de marzo de 2010


"El verdadero pensamiento de Pichón..." - Por Alfredo Moffatt
El verdadero pensamiento de Pichón está reprimido (Por algo será)
Alfredo Moffatt


Enrique Pichón Rivière era transgresor, espontáneo, paradojal, él señalaba los absurdos, rompía los clichés, incluía lo dramático en sus análisis de la realidad.

Por el contrario, el pensamiento que hoy circula de Pichón, es un Pichón formal, de frases ortodoxas, con clichés razona­bles, reaseguradores, su pensamiento perdió lo desconcertante, aquello que abre una perspectiva nueva, esa temáti­ca dramática que extraía de lo que esta­ba sucediendo y nos angustiaba en ese momento.

Tomando esto como un hecho, decimos: por algo será.

Pichón era el escándalo, era el que con­tradecía a todos, como en el cuento del emperador y su maravilloso traje invisi­ble que no era visto por quienes eran bastardos. Pichón pateaba el tablero y decía: "el emperador está desnudo" (seguro hubiera dicho "en bolas"). En esta épo­ca todos ven el traje invisible, pero ade­más lo describen con las mismas pala­bras, todos ven los mismos dibujos en el traje, para no quedar excluidos del festival del engaño.

Este momento histórico necesitó repri­mir al Pichón‑Heavy y sustituirlo con un Pichón Light. Porque Enrique era co­mo el Fernet (que también tomaba), al que hay que echarle soda porque es muy fuerte, pero si nos pasamos con la soda, ya no es más Fernet (es como una Coca ‑ Cola).

Estamos demasiado asustados en esta crisis que desestructura la realidad, no nos conviene mirar los abismos, lo pro­fundo de la existencia, especialmente el tema de la muerte (paradigma de lo negado en el post modernismo), tema que al elaborar, se logra el verdadero sentido de estar vivo.

Tal vez en este momento social sea realmente funcional (sintomáticamente) repri­mir todo pensamiento develador y por lo tanto, desconcertante. Tal vez al vernos hundidos hasta el cuello en este mar de mentiras, injusticia, violen­cia y corrupción, estemos tentados a decir la frase histórica... "no hagan olas" y por lo tanto tendría justificación piadosa convertir el pensamiento de Enrique en una papilla light posmoderna.
Pero ojo, una cosa es tapar algo durante la tormenta y otra es negar que ne­gamos (los lacanianos dirían forcluir). Debemos concientizar que lo repri­mimos, podemos darnos una tregua y jugar a las palabras inofensivas, pa­ra negar lo que nos rodea, pero debemos recordar que estamos "stand‑by", que nos da miedo revolver lo profundo porque hay tormenta. Pensar para­dojalmente (Enrique decía a menudo: che... qué “parajoda”…) desafiar lo aceptado, las verdades tranquilizadoras, sería en este momento de apa­gón cultural, como "cambiar de caballo en la mitad del río", no conviene. Tal vez el consejo del general Perón “desensillar hasta que aclare”.

El uso del pensamiento académico, reasegurador, formado por frases cli­chés, es útil. Toda cultura desarrolla las verdades ortodoxas, con explicacio­nes y frases ya hechas, sólo es necesario elegirlas para hacer una clase o un artículo sobre cualquier tema (sin partir de la temida realidad). Todo esque­ma estabilizador permite controlar el continuo cambio del mundo real, el carácter caótico del devenir, pero empobrece la verdad. Pero tampoco conviene exagerar la estabilidad del pensamiento, pues re­cordemos que la vida es fundamentalmente transformación.

La creación lleva al desconcierto y Pichón era desconcertante, inesperado, con un humor irónico y tierno que hacía tambalear nuestras seguridades. Pero en este momento de descomposición social, lo absurdo, lo paradojal, está instituido como la norma. Esta que estamos viviendo, sufriendo, es una paradoja siniestra, no esclarecedora; el corrupto dice que hay que combatir la corrupción, los policías roban, la víctima es culpable y el que denuncia esto, es un delincuente. Lo que ocurre es definido por el poder como lo contrario (“la pobreza ha disminuido”, “garantizamos la paz”, y vendemos armas); de modo que son los mensajes esquizofrenizantes (descriptos por los sistémicos) porque es una paradoja que se niega, no como la de Pichón que mostraba la contradicción y la paradoja servía para el esclarecimiento.

Pichón acentuaba lo absurdo, para que lo absurdo quede develado y se pueda, luego, resolver. Además le gustaba el escándalo, tenía algo de duende jodón, su humor era encantador. Su pensamiento era estético, tenía raíces en el movimiento surrealista que trastocó el arte académico de la época.

Pichón era molesto para el poder, por eso lo echaron del manicomio y de la propia APA, (Asociación Psicoanalítica Argentina) que él había fundado, cuando los llamó "cafishios de la angustia".

Pichón te abría la cabeza, en realidad te la "partía en pedazos", para que vos luego armes tu rompecabezas con una nueva figura. Te hablaba de lo dramático en el sentido de llorar y reír, lo dramático como lo comprometido con la vida. Era muy seductor dando clases, era imposible aburrirse. El hacía referencia al aquí y ahora que estaba sucediendo, y usaba, desde un lenguaje sofisticado, hasta el lunfardo más rantifuso. Sentías que con la ciencia que él te explicaba, entendías tu vida.

Era travieso (Winnicottiano), proponía el juego como modo de aprendizaje. Parecía viajar por las edades, a veces tenía su edad, y otras veces parecía de seis años y se permitía travesuras; a veces tenía ochenta y seis y hablaba de la muerte.

Manejaba la espontaneidad en todos los órdenes, daba sorpresas. Todo desde un impecable y rigurosísimo método científico y un develador análisis de la realidad. Juntaba la ciencia y el arte, era el Pichón razonable, terapeuta organizador del caos.

Muy estudioso, profundo investigador, leía y conocía todas las corrientes. Su casa era un caos de libros. Tenía interés por todo, Pintura, Ecología, Cibernética, el pensamiento filosófico. Tenía una gran cultura literaria y artística, de una formación universal como he conocido pocos.

También podía ser un finísimo profesor francés (Ginebrino), un exquisito psicoanalista, y a la vez podía estar cómodo con un grupo de vagos en una cantina atorranta. Contenía todo lo humano.

Después de su muerte sentí que, para mí, no había más maestros. En su relación conmigo está presente ese estilo amoroso ‑irónico ‑ jodón; recuerdo que me decía, "vos sos mi hijo putativo" (y me dejaba pensando sobre las ventajas de la "putatividad maternal").

Para terminar este artículo (seguro que polémico), diremos que en esta época de desconcierto y confusión aceptamos sin culpa usar un Pichón‑light. El otro está reprimido, igual que otras cosas, como lo solidario, lo ético y el sentimiento de justicia social, pero recordemos que existe el otro Pichón y que cuando este país reencuentre su proyecto de destino y salgamos del pozo, vamos a necesitar en la psicoterapia, en la socioterapia, el pensamiento vigoroso, transgresor y creativo de Enrique Pichón Rivière.

jueves, 30 de octubre de 2008

La tarea de la Psicología Social según Moffatt


...la salud tiene que ver con la incorporación del individuo en lo social. La subjetividad aislada es muy lábil. Si no está sostenida, y estabilizada por la cultura, se pierde a sí misma. En otras palabras, si la gente se queda sola, se vuelve loca. Porque la identidad está afuera, en un mundo simbólico. Está armada con palabras, en proyectos grupales, en los roles de cada actividad. Toda persona existe porque está incluida en un contexto que la define. Por eso digo que la psicología o es social, o no existe.
Inclusive Freud decía esto. Pero él analizaba lo social o lo grupal dentro de la subjetividad. Y esto puede, de pronto, conducir a deformaciones. Porque es ver una cosa a través del espejo en otra. Lo grupal y lo comunitario tienen una organización objetiva en sí misma. Por eso, el hombre tiene existencia humana sólo a nivel grupal. Los animales pueden vivir solitariamente porque no tienen lenguaje, y por eso no tienen memoria, ni expectativas.
El hombre fabrica la memoria con otro. Justamente, la memoria la constituyen las historias vinculares con los demás. Las historias siempre son con otro. No puede haber historia consigo mismo porque en la mente no hay temporalidad, ya que todo sucede al mismo tiempo: el recuerdo y la anticipación. Y en ese sentido, la psicología social vendría a trabajar en el límite donde la mente se conecta con el mundo.

...en los grupos, si el coordinador quiere abusarse mentalmente, y deformar la percepción de lo vincular, los demás se lo impiden. Porque el grupo es el que construye la objetividad. Para nosotros los que trabajamos en terapia de crisis, lo más importante es la continuidad de la historia y el paso del ayer al mañana. También es importante sobrevivir a la transformación conservando la propia identidad.

...la terapia de crisis trabaja sobre el proyecto de vida, el "yo por ser".

...Uno es un "sujeto" que está en un "mundo objetivo". Y al mismo tiempo, ese mundo está representado adentro. Por eso es muy difícil la relación entre esos dos. Un hombre que "se cae para adentro" se transforma en un psicótico. Y uno que "se cae para afuera" se transforma en un psicópata. Esta dicotomía del hombre es viejísima, y siempre ha traído problemas. Por eso hay que volver a definirla. La psicología social la define a través de lo grupal. Lo grupal es la instancia en la que un individuo adquiere entidad frente a un grupo, cara a cara. Si el grupo es la multitud, el individuo no tiene identidad porque no puede compartir una historia. La masa anónima no provee identidad.
Hay un libro, de un autor norteamericano, Riesman, que se llama " La muchedumbre solitaria", donde se analizan los fenómenos masivos en EE UU. La persona queda sola entre la multitud, y, entonces, debe ser definida en forma muy esquemática, como consumidor, telespectador…categorías que no singularizan.

...no hay nadie que estudie el fenómeno de la relación entre la mente y el mundo, entre la subjetividad y la objetividad. Por eso, la psicología social puede estudiar eso, y resolverlo, puede convertirse en una ciencia muy importante. Porque estaría resolviendo el problema casi esencial del ser humano: el que se suscita entre la experiencia subjetiva, que es la interioridad del yo, y el reconocimiento objetivo, como sujeto social.


Alfredo Moffatt
en cuya tarjeta personal se lee: "Arquitecto del Tiempo- (Se arreglan vidas)"