El estrés y la sobreexigencia influyen en los pequeños olvidos cotidianos y el posterior deterioro cognitivo. Secretos de los especialistas para ejercitar la mente
Por Virginia Mejía | Para LA NACION
Nos olvidamos del turno con el dentista, los nombres de las personas se nos quedan en la punta de la lengua, al salir del shopping no recordamos dónde estacionamos el auto y además perdemos los anteojos, la billetera y las llaves de casa. Según los especialistas, en mayor o menor medida, estos pequeños olvidos nos afectan a todos, y si bien algunas distracciones no deben ser motivo de alarma, hay otras que si se repiten podrían estar vinculadas con problemas de la memoria y deberíamos prestarles atención. Las consultas en los centros neurológicos especializados en memoria van en aumento. En otras palabras: en el consultorio, los médicos diagnostican desde afecciones graves hasta casos más leves de pérdidas momentáneas de la memoria causadas por estrés o a sobreexigencias de la vida diaria.
El gran fantasma, el Alzheimer
Precisamente, el tema de la memoria comenzó a tomar relevancia ante la difusión de ciertas afecciones propias de la vejez vinculadas con la pérdida de la capacidad cognitiva, como el Alzheimer, hoy considerado una epidemia debido al envejecimiento progresivo de la población mundial. "Hay olvidos que son normales, hay otros que son el comienzo de enfermedades. En los normales a uno algo se le borra, pero después lo recupera. Es decir, pierdo las llaves del auto, pero más tarde recuerdo que las dejé sobre la mesa de la entrada. El olvido patológico, en cambio, es cuando no puedo traer algo a la memoria y además esta situación se asocia a otras similares o se reitera. Por ejemplo, preguntar tres veces lo mismo en un lapso corto no es normal", asegura el Dr. Ricardo F. Allegri, investigador del Conicet y jefe de Neurología Cognitiva de la Fundación para la Lucha contra las Enfermedades Neurológicas de la Infancia (Fleni).
"Los últimos adelantos científicos permiten la detección temprana del Alzheimer por medio de biomarcadores que pueden estudiarse en líquido cefalorraquídeo o a través de neuroimágenes estructurales o funcionales, es decir PET con marcador amiloideo", explica Allegri. Para el neurólogo, estos estudios "son de gran importancia, debido a que se están desarrollando estrategias preventivas y nuevas terapéuticas para los problemas cognitivos".
Sin llegar al punto de hacerse estos estudios, ¿cómo saber cuándo los pequeños olvidos cotidianos pueden derivar en un trastorno cognitivo? Según Allegri, "cuando una persona siente que está perdiendo la memoria no necesariamente es una patología, pero cuando los familiares consideran que alguien sufre olvidos frecuentes lo aconsejable es la consulta neurológica, ya que probablemente se esté ante un caso de Alzheimer".
Mejor prevenir...
Mientras que hace algunos años sólo las personas mayores se alertaban ante una posible pérdida de la memoria, hoy son muchos los que pasados los 40 comienzan a prestar atención a los olvidos cotidianos. "Me preocupé cuando una vez no me acordé de pasar a buscar a uno de mis chicos por la puerta del colegio. Tengo 3 hijos y cuando llegué de trabajar retiré a los dos más grandes de secundaria para llevarlos uno a fútbol y a la otra a la clase de piano. Pero al más chiquito, el que sigue en primaria, se quedó ahí, en el patio, esperándome..", cuenta Florencia Estévez, que luego de este episodio decidió hacer una consulta neurológica sobre el estado de su memoria. Según Teresa Torralba, jefa de Neuropsicología del Centro de Estudios de la Memoria y la Rehabilitación Cognitiva (Ineco), hay casos que son típicos de las situaciones de estrés diarias que hacen que "el cerebro colapse, se afecte el hipocampo y la información aparece como si fuera una biblioteca totalmente desordenada". En estas situaciones no queda capacidad para aprendizajes nuevos ni para recordar tareas específicas. Son olvidos vinculados con el llamado síndrome de burn out o de cabeza quemada. Tal es el caso de Federico Ramírez, un gerente de 43 años que afirma, con humor, que padece de memory full, comparando su mente con un disco rígido completo de una computadora. Para Ramírez el problema comenzó hace un año cuando comenzó a pasar por alto las reuniones de directorio: "Me quedaba en mi escritorio trabajando y me avisaban que estaban esperándome. Yo llegaba tarde, corriendo y superestresado. Me mandaban mails, mensajes de texto, de todo para hacerme acordar y yo nada...", cuenta.
Para los especialistas, hoy es posible prevenir el deterioro mental procurando mantenerse en buen estado físico, emocional y cognitivo. En el primer punto es consabida la importancia de la actividad física y de una dieta saludable. "Lo ideal para la salud cognitiva es una dieta típica mediterránea, con carne magra al menos dos veces por semana", advierte Sol Vilaro, jefa de Nutrición en Neurología y Psiquiatría del Ineco.
El descanso tampoco es un tema menor. Según estudios de la Universidad de Berkeley, Estados Unidos, existe lo que se llama el efecto siesta, producto de los beneficios del dormir. La investigación demostró que el sueño es necesario para hacer que el cerebro borre la información que no necesita y que haga lugar para que ingrese la nueva.
A nivel emocional, especialmente después de los 50 años, es fundamental evitar las situaciones de estrés, planificar actividades vinculadas con el ocio y mantener una vida social activa. "Cuando uno es joven, naturalmente está rodeado de gente, pero las personas de mayor edad en determinados casos tienden a aislarse y esto no es bueno", advierte Allegri.
A nivel cognitivo, al igual que se ejercitan los músculos cuando se realizan actividades físicas, también es posible entrenar la mente desde temprana edad para mantenerla en forma y evitar la pérdida de la memoria que se produce casi inexorablemente a partir de los 60 años.
"Un estudio reciente sugiere que con sólo diez sesiones de entrenamiento cognitivo pueden observarse mejorías equivalentes al deterioro típico presentado en un período de 7 a 14 años", dice Facundo Manes, director del Instituto de Neurociencias de la Universidad Favaloro. En ese sentido ya son varios los institutos neurológicos que ofrecen programas de encuentros grupales con personas que tengan intereses similares o afinidad en los cuales se entrenan y estimulan funciones como la memoria, atención, el pensamiento lateral, la planificación y el control de los impulsos.
Además, estos ejercicios que algunos llaman con humor la neuro gym se pueden realizar en forma casera o doméstica aprovechando situaciones de la vida cotidiana. "No son actividades universales, es decir que no hay una receta que les sirva a todos. Tal vez para una persona leer un libro es un desafío mental y tal vez para otra es un hábito que no le implica ningún esfuerzo", aclara María Roca, neuropsicóloga de Ineco al tiempo que destierra el mito de que basta con hacer crucigramas todos los días para obtener agilidad mental.
Para la doctora, lo fundamental es elegir hacer algo nuevo que nos sea agradable o placentero. "Grandes desafíos intelectuales pueden generar estrés y eso termina siendo perjudicial para cualquiera."
La psicología social, como disciplina y herramienta técnica, instrumenta para el abordaje, indagación, diagnóstico, planificación y operación en los distintos ámbitos en los que se cumplen procesos de interacción. Estos ámbitos, caracterizados como ámbito grupal, institucional y comunitario, pueden ser abordados desde un esquema conceptual común, pero presentan variables específicas que requieren manejo técnico diferenciado. Enrique Pichon Riviere
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martes, 31 de julio de 2012
jueves, 26 de julio de 2012
Apoyo y cuidado para la familia de un paciente psiquiátrico
Aceptar la enfermedad psiquiátrica de un familiar no es nada fácil.
Por algún tiempo, esto puede parecer demasiado doloroso y desconcertante para encararlo. La familia pueden estar terriblemente molesta con la persona. Desafortunadamente, el enojo y el rechazo no ayudan y hasta podrían retrasar la manera racional de luchar con la situación. Los padres y hermanos se pueden sentir dolidos porque la persona enferma le echa la culpa a otros de sus problemas y destruye su confianza cuando oculta y/o miente y, en general, crea un caos en el hogar.
En la familia, podría prevalecer un alto grado de miedo e incertidumbre a medida que el comportamiento se vuelve más irracional y aumentan las amenazas o brotes de violencia y/o trastorno.
Los familiares se podrían sentir culpables por creer que les causaron las reacciones que muestran, y no es así.
Los enfermos tienen la enfermedad y los familiares la padecen.
En primer lugar, es importante darse cuenta de que el familiar actúa por padecer una enfermedad. La persona no tiene el poder de controlar este problema sin ayuda de la misma manera que no puede controlar su enfermedad mental. Si se piensa en este problema como una enfermedad, se podría reducir la furia y la culpa. Los familiares podrían aprender a darse cuenta de que los comportamientos negativos no son algo personal y así les dolerá menos, dejarán de culpar a ellos mismos y uno al otro por un trastorno que nadie provocó o pudo evitar. Aceptar que un ser querido tiene un diagnóstico de enfermedad psiquiátrica toma tiempo y es mejor si la familia se une, evitan echarse la culpa, crean un plan de acción y se apoyan unos a los otros.
Es importante buscar el apoyo de otras familias que se enfrenten a problemas similares. Este grupo de familias se podrían beneficiar de algunas reuniones independientes para encontrar el mejor apoyo proveniente de personas con el mismo problema.
Estos grupos de apoyo han sido sumamente beneficiosos para muchas familias, dado que muchos grupos familiares se han visto disueltos por falta de toma de dicisiones en conjutno frente a la problemática.
En muchos casos el enfermo, niega la diagnósis, y los familiares eligen el espacio del padecer y ser esclavo de la negativa a confrontar la exigencia de la terapéutica necesaria para poder alcanzar el equilibrio.
En otros muchos casos el miembro de la familia enfermo, se aleja de la misma o es alejado del grupo familiar, ante la imposibilidad de lograr un tratamiento necesario para mantener los vinculos, no alcanzando así, en el más amplio de los porcentajes un resultado positivo.
Cuando el trastorno mental que padece la persona es peligroso para sí mismo (suicidas o personas gravemente incapacitadas) o para los demás (reacciones adversas, violentas,desbordadas de mal gusto, extroversión exagerada, etc), la ley permite el tratamiento involuntario. Cada distrito tiene un juzgado especial en el que los familiares pueden plantear el caso.; Dado que el tratamiento involuntario restringe la libertad de los pacientes hospitalizados los pacientes sometidos a este régimen tienen que estar aprobados por una comisión judicial “ad hoc” y los pacientes tienen derecho a recurrir ente ella u otras instancias legales oportunas. Actualmente la hospitalización no puede ser indefinida, teniendo que ser manifiestos los beneficios del tratamiento dentro de un período de tiempo definido. En algunos casos graves crónicos e inmanejables los familiares y la administración pueden solicitar trámites de incapacitación y de tutela.
Cuando la persona enferma no puede reconocer su necesidad de recibir tratamiento debido a la pérdida de contacto con la realidad por su enfermedad, la solicitud de ingreso debe ser planteada por un familiar o allegado. Una vez aceptada la solicitud por el juzgado correspondiente, el paciente debe ser examinado por un médico designado por dicho juzgado que debe confirmar la necesidad de hospitalización antes que el paciente sea ingresado. En caso de urgencia el proceso puede invertirse y el médico que atiende la guardia de psiquiatría del hospital de referencia está facultado para ingresar a un paciente en contra de su voluntad siempre que envíe notificación al juzgado en 24 horas. El juzgado confirmará o no la legalidad del ingreso en 72 horas más.
Por último, los familiares se deben dar cuenta de que no pueden detener la enfermedad de su ser querido. Lo que sí pueden hacer es evitar encubrirla o facilitarle que lo siga negando. La familia puede llegar a conocer qué puede hacer sobre el problema, pero debe aceptar que mucho está fuera de su control.
Con mucho esfuerzo, disminuirán algunas de las peores emociones, la familia se sentirá más serena y se darán cuenta de que la vida sigue valiendo la pena
Por algún tiempo, esto puede parecer demasiado doloroso y desconcertante para encararlo. La familia pueden estar terriblemente molesta con la persona. Desafortunadamente, el enojo y el rechazo no ayudan y hasta podrían retrasar la manera racional de luchar con la situación. Los padres y hermanos se pueden sentir dolidos porque la persona enferma le echa la culpa a otros de sus problemas y destruye su confianza cuando oculta y/o miente y, en general, crea un caos en el hogar.
En la familia, podría prevalecer un alto grado de miedo e incertidumbre a medida que el comportamiento se vuelve más irracional y aumentan las amenazas o brotes de violencia y/o trastorno.
Los familiares se podrían sentir culpables por creer que les causaron las reacciones que muestran, y no es así.
Los enfermos tienen la enfermedad y los familiares la padecen.
En primer lugar, es importante darse cuenta de que el familiar actúa por padecer una enfermedad. La persona no tiene el poder de controlar este problema sin ayuda de la misma manera que no puede controlar su enfermedad mental. Si se piensa en este problema como una enfermedad, se podría reducir la furia y la culpa. Los familiares podrían aprender a darse cuenta de que los comportamientos negativos no son algo personal y así les dolerá menos, dejarán de culpar a ellos mismos y uno al otro por un trastorno que nadie provocó o pudo evitar. Aceptar que un ser querido tiene un diagnóstico de enfermedad psiquiátrica toma tiempo y es mejor si la familia se une, evitan echarse la culpa, crean un plan de acción y se apoyan unos a los otros.
Es importante buscar el apoyo de otras familias que se enfrenten a problemas similares. Este grupo de familias se podrían beneficiar de algunas reuniones independientes para encontrar el mejor apoyo proveniente de personas con el mismo problema.
Estos grupos de apoyo han sido sumamente beneficiosos para muchas familias, dado que muchos grupos familiares se han visto disueltos por falta de toma de dicisiones en conjutno frente a la problemática.
En muchos casos el enfermo, niega la diagnósis, y los familiares eligen el espacio del padecer y ser esclavo de la negativa a confrontar la exigencia de la terapéutica necesaria para poder alcanzar el equilibrio.
En otros muchos casos el miembro de la familia enfermo, se aleja de la misma o es alejado del grupo familiar, ante la imposibilidad de lograr un tratamiento necesario para mantener los vinculos, no alcanzando así, en el más amplio de los porcentajes un resultado positivo.
Cuando el trastorno mental que padece la persona es peligroso para sí mismo (suicidas o personas gravemente incapacitadas) o para los demás (reacciones adversas, violentas,desbordadas de mal gusto, extroversión exagerada, etc), la ley permite el tratamiento involuntario. Cada distrito tiene un juzgado especial en el que los familiares pueden plantear el caso.; Dado que el tratamiento involuntario restringe la libertad de los pacientes hospitalizados los pacientes sometidos a este régimen tienen que estar aprobados por una comisión judicial “ad hoc” y los pacientes tienen derecho a recurrir ente ella u otras instancias legales oportunas. Actualmente la hospitalización no puede ser indefinida, teniendo que ser manifiestos los beneficios del tratamiento dentro de un período de tiempo definido. En algunos casos graves crónicos e inmanejables los familiares y la administración pueden solicitar trámites de incapacitación y de tutela.
Cuando la persona enferma no puede reconocer su necesidad de recibir tratamiento debido a la pérdida de contacto con la realidad por su enfermedad, la solicitud de ingreso debe ser planteada por un familiar o allegado. Una vez aceptada la solicitud por el juzgado correspondiente, el paciente debe ser examinado por un médico designado por dicho juzgado que debe confirmar la necesidad de hospitalización antes que el paciente sea ingresado. En caso de urgencia el proceso puede invertirse y el médico que atiende la guardia de psiquiatría del hospital de referencia está facultado para ingresar a un paciente en contra de su voluntad siempre que envíe notificación al juzgado en 24 horas. El juzgado confirmará o no la legalidad del ingreso en 72 horas más.
Por último, los familiares se deben dar cuenta de que no pueden detener la enfermedad de su ser querido. Lo que sí pueden hacer es evitar encubrirla o facilitarle que lo siga negando. La familia puede llegar a conocer qué puede hacer sobre el problema, pero debe aceptar que mucho está fuera de su control.
Con mucho esfuerzo, disminuirán algunas de las peores emociones, la familia se sentirá más serena y se darán cuenta de que la vida sigue valiendo la pena
ACV: ACCIDENTE CEREBROVASCULAR
Quienes vimos de cerca el daño que los ACV causan en quienes lo padecen y en quienes acompañan y sostienen el proceso, siempre nos queda un "debo aprender más"... Dado que nadie está exento de padecerlo, si bien hay senderos que organizan el camino para no llegar tan fácil a padecerlos. Intenten compartir para seguir aprendiendo...
GRACIAS FUNDACIÓN INECO Y TN
GRACIAS FUNDACIÓN INECO Y TN
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lunes, 18 de junio de 2012
La importancia crucial de las emociones

- Primacía de las emociones
Nuestras emociones son formas de experiencia inmediata. Cuando experimentamos nuestras emociones estamos en contacto directo con nuestra realidad física.
Dado que nuestras emociones son formas de energía, son, por ello, físicas y se expresan en el cuerpo incluso antes de que seamos conscientes de ellas.
Podemos distinguir nueve emociones innatas (interés, alegría, sorpresa, angustia, miedo, rabia, vergüenza, náusea y repugnancia) que se manifiestan en expresiones faciales. Cada niño nace con estas expresiones "preprogramadas" en sus músculos faciales y los investigadores han demostrado que en cualquier parte del mundo, en cualquier cultura, se identifican estas emociones de la misma manera. Son las comunicaciones básicas que necesitamos para sobrevivir biológicamente.
Al crecer, las emociones forman el esquema mental básico para pensar, actuar y tomar decisiones. Las emociones son algo así como nuestros motivadores biológicos innatos. Son "la energía que nos mueve", como el combustible para los autos. Intensifican y amplían nuestras vidas. Sin emoción, nada importa realmente; con emoción, todo puede importar.
Cuando la emoción que acompaña a una experiencia traumática se bloquea, la mente no puede evaluar o integrar esa experiencia. Cuando la energía emocional bloquea la resolución del trauma, la mente disminuye su capacidad de funcionamiento. Con los años, la mente se empequeñece cada vez más, ya que el bloqueo de la energía emocional se intensifica cada vez que ocurre una experiencia similar. Siempre que tenemos una experiencia nueva, y que de alguna forma se parece al trauma original, sentimos con una intensidad que es desproporcionada con lo que está ocurriendo en realidad. Se trata de una regresión espontánea.
Nuestro niño interno herido está lleno de energía no resuelta que proviene de la tristeza de un trauma infantil. Una de los motivos de que sintamos tristeza es para completar los sucesos dolorosos del pasado, de modo que podamos disponer de nuestra energía para el presente. Cuando no se nos permite lamentarnos, esta energía se congela.
- Emociones reprimidas
Como las emociones son energía, exigen que se las exprese. Los niños de familias disfuncionales a menudo no tienen aliados, nadie a quien puedan expresar sus emociones.
Entonces, las expresan de la única forma que saben: "exteriorizándolas" o "interiorizándolas". Cuanto antes se repriman, más destructivas resultarán estas emociones. Las emociones inexpresadas y no resueltas es a lo que se refiere el "dolor original". Este trabajo implica volver a experimentar esos traumas y expresar las emociones reprimidas, las cuales, una vez hecho esto, ya no tendrán que exteriorizarse o interiorizarse nunca más.
- La angustia y el cerebro
Hoy estamos empezando a entender las defensas del YO basándonos en la investigación de la química y la fisiología cerebral. "Aflojar" o "desactivar" las defensas del YO, (principal actividad de una buena psicoterapia) nos permite conectarnos con nuestras más antiguas emociones. El trabajo del dolor original produce una gran curación al permitir sentir esas emociones no resueltas del pasado. Pero ¿por qué esto cura?
El neurólogo MacLean ha presentado un modelo de cerebro que nos ayuda a entender cómo nos afectan los traumas. Según él, el cerebro consta de tres partes -o tres cerebros dentro del cerebro- que forman parte de nuestra herencia evolutiva. El más primitivo es el cerebro reptiliano o visceral. Contiene nuestra estrategia más primitiva para la seguridad y la supervivencia: la repetición. Un lagarto, por ejemplo, tiene una vida bastante simple que consiste en recorrer cada día el mismo camino, esperando comer unas cuantas moscas y mosquitos sin que le coman a él. Si encuentra un camino atinado entre las hierbas y las rocas lo repetirá hasta su muerte.
Esta repetición tiene un valor de supervivencia. El cerebro visceral también mantiene las funciones físicas automáticas de nuestro cuerpo, como la respiración. Podríamos conjeturar que nuestros "lagartos" aparecen cuando convivimos por primera vez con alguien y nuestros hábitos de siempre chocan con los de la otra persona.
El siguiente es el cerebro paleomamífero, o sensorial. Técnicamente se le llama sistema límbico. Cuando los mamíferos de sangre caliente llegaron al escenario evolutivo, nació la energía emocional. El sistema límbico alberga los sentimientos de excitación, placer, rabia, miedo, tristeza, alegría, vergüenza, repugnancia y náusea.
El sistema más sofisticado de nuestro cerebro es el neocórtex o cerebro racional. Éste último evolucionó hace más o menos dos millones de años. Nos da la capacidad humana de razonar, usar el lenguaje, planificar con anterioridad, resolver problemas complejos, etc.
Según MacLean, estos tres cerebros son independientes, pero al mismo tiempo trabajan conjuntamente (interdependientes) para mantener el equilibrio del cerebro completo. El sistema de equilibrio del cerebro está regido por la necesidad de mantener los trastornos dolorosos al mínimo.
El cerebro no tiene problemas con los trastornos ocasionales de la vida. Utiliza la expresión de emociones para mantener el equilibrio. Cuando nuestra angustia alcanza cierto grado, gritamos de rabia, lloramos de tristeza o sudamos y temblamos de miedo. Los científicos han demostrado que las lágrimas en realidad suprimen las sustancias químicas del estrés que se forman durante un desorden emocional. El cerebro tenderá de forma natural hacia el equilibrio por medio de la expresión de la emoción, a no ser que se nos haya enseñado a inhibirla.
- La huella de los primeros traumas
Cuanto antes se inhiban las emociones, más profundo es el daño. Cada vez hay más pruebas de que hay una secuencia en la maduración individual del cerebro que sigue básicamente la secuencia evolutiva. Científicos neurólogos han confirmado que el cerebro visceral predomina en las últimas fases del embarazo y en la primera etapa postnatal.
El sistema del cerebro límbico empieza a operar durante los primeros seis meses de vida. Este cerebro emocional permite la creación de los primeros vínculos importantes.
El neocórtex se está todavía desarrollando durante los primeros años, y el cerebro racional, además de tiempo, necesita un entorno y estímulos adecuados para desarrollarse de forma saludable.
Cuando reflexionamos sobre el hecho de que el cerebro visceral está relacionado con problemas de supervivencia y está regido por la repetición, cobra sentido la idea de la impronta permanente. Los recuerdos traumáticos son difíciles de erradicar porque son recuerdos de respuestas de supervivencia.
Como el cerebro visceral aprende y recuerda pero no olvida, imprime el trauma con una permanencia que dominará su futuro. Todo lo que un niño experimente durante las últimas fases del embarazo o en los primeros años de su vida -momentos de una marcada vulnerabilidad- quedará grabado en su mente en beneficio de su supervivencia.
- La compulsión a la repetición
La investigación neurológica apoya lo que todos los psicoterapeutas, desde Freud hasta hoy, saben a ciencia cierta: las personas neuróticas tienen el impulso de repetir.
Hay también una explicación neurológica para las respuestas con reacciones desproporcionadas ya mencionadas.
Las marcas neuronales intensificadas por experiencias estresantes deforman la reacción del organismo ante un estímulo. Las experiencias dolorosas continuas imprimen nuevos circuitos en el cerebro, de modo que éste pasa a estar más preparado para reconocer como estímulo doloroso lo que otra persona no reconocería como tal.
Esto confirma la teoría de que una vez que el material interno queda establecido durante el embarazo (por cualquier situación estresante o traumática que atraviese la futura mamá) o en la primera infancia, actúa como un filtro extremadamente sensible moldeando los acontecimientos posteriores. Las contaminaciones del niño herido entran en esta categoría. Cuando un adulto con un niño herido se enfrenta a una situación que se parece a un suceso doloroso prototípico, se activa la respuesta original.
Lo podemos comparar con un megáfono con la tecla de encendido bloqueada. Se reacciona con intensa emoción ante algo que en realidad es trivial o bastante inocuo. Se responde a lo que no existe en el exterior porque está en el interior.
Extracto de Volver a casa. John Bradshaw
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