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lunes, 5 de diciembre de 2011

LA DEMENCIA SENIL: UN DUELO FAMILIAR.


José M.Uncal Jiménez de Cisneros
Médico Psiquiatra Centro Allumar

Estos y otros comentarios similares surgen con demasiada frecuencia en el seno de
muchas familias que, sin esperarlo ni por supuesto merecerlo, se ven obligados a sufrir el tremendo impacto que supone el diagnóstico de demencia senil o presenil en la persona de un ser querido.Sea por el Alzheimer o por cualquier otro mal que deteriore sus funciones mentales, la persona en cuestión deja de ser la misma. Su personalidad cambia, su humor se altera, su memoria se pierde, su capacidad de razonamiento se distorsiona y, evidentemente, resulta un caos en el sistema familiar hasta entonces más o menos estabilizado.
Una serie de emociones y sentimientos se revoluciona en todos los elementos de la familia, lo que antes era cariño se empieza a transformar en rencor y tensión estresante. Lo que antes era comprensión, diálogo y comunicación se convierte en
discusión, intolerancia e irritabilidad. Lo que antes era paz y tranquilidad, ahora es amargura, infelicidad y desesperanza.
Porque la vivencia de la familia allegada y los seres queridos de un paciente diagnosticado de demencia senil es bastante terrible; sobre todo, al principio de la enfermedad.
Es un proceso muy similar a la reacción de duelo; ese conjunto de reacciones anímicas y emocionales que acompañan al ser humano cuando ha de enfrentarse a la muerte y pérdida de un ser querido. Porque cuando la demencia causa estragos en el afectado es una especie de muerte en vida.
Sí, esté ahí y está vivo; pero no es él. «El que era mi padre, mi esposa o mi hermano ya no esta ahí; es su cuerpo vivo, es su imagen, pero no es su persona». Ya que ha habido una variación tan radical en su forma de ser y actuar que resulta un extraño en el habitual intercambio afectivo. Generalmente no alcanzamos a entender
lo que es realmente esta reacción de duelo hasta que lo experimentamos en propia carne.
De repente, y sin estar preparados, sufri mos un golpe terrible en nuestro alma:
el diagnóstico clínico de algo irreversible.
Y a continuación, durante una larga temporada, sentimos una serie de emociones que nos asustan, sorprenden a veces e, indudablemente nos hacen sufrir mucho. Y este dolor supone un trauma psicológico lo suficientemente importante como para cambiarnos la vida.
Las emociones y los sentimientos son la expresión que originamos como respuesta al impacto que nos producen las circunstancias que ocurren en nuestra vida. Y este impacto/expresión es personal,
único e irrepetible; cada persona es un mundo y vivencia sus sentimientos de una forma peculiar e individual.
Es un error pensar que no pasa nada, que todo tiene que ser como antes; porque no es cierto. El auténtico duelo produce cambios, a veces trascendentales en nuestra vida. Cambios externos, porque la persona demenciada ya no está con nosotros como antes; pero también muy importantes cambios internos, fruto del sufrimiento
y la reflexión consecuente.
La experiencia catastrófica de pérdida genera unos sentimientos dolorosos que perturban nuestra paz y tienden a anular cualquier otro sentimiento positivo. Y esto que sentimos es algo normal. Es lógico (y no patológico) que suframos cuando perdemos a un ser querido. Ni tiene nada que ver con la depresión; al menos con la depresiún como trastorno psiquiátrico. Es cierto que el que atraviesa un duelo
está triste y llora; pero no es una depresión lo que padece, es una etapa de duelo. Hay una serie de reacciones sentimentales
mas o menos comunes a todas las personas que atraviesan un duelo. Y cuando éste no se complica y sigue un curso natural se desarrolla en sucesivas fases o etapas. Puede durar más o menos cada una; y a veces se superponen, pero suelen llevar esta secuencia:
1. Estupor
Aturdimiento e imposibilidad de aceptar la realidad de lo que está ocurriendo. Es un estado de shock psíquico que embota la mente, que la enturbia, anulando la conciencia de la realidad. La desgracia se vive como un sueño, una mala pesadilla de la que antes o después despertaremos.
2. Anhelo Pensamientos obsesivos, búsqueda incesante de soluciones, sentimiento de poderosa angustia y ansiedad... Empezamos a
darnos cuenta de una realidad y no lo soportarnos.
3. Negación «No es verdad, no puede ser, a mí no me puede pasar esto...». Como un resorte aparecen los mecanismos inconscientes
de defensa ante la angustia.
4. Rabia Ira que se desarrolla a medida que se toma conciencia de la realidad. Por la frustración y la impotencia que la enfermedad del ser querido nos produce: ¿Por qué a mí? ¿Por qué todos siguen bien, siguen su vida y yo no puedo?». Rabia y hostilidad hacia quienes tratan de consolar, hacia los implicados (médicos, etc.), hacia el propio familiar con demencia, hacia sí mismo (autorreproches) acompañada
de profundos sentimientos de culpa.
5. Desesperanza Rendimiento ante la búsqueda inútil de una curación milagrosa. Conciencia ya clara de la realidad. Tristeza (no depresión),
sensación de soledad, de desorganización, de desesperanza... «No tiene remedio».
6. Negociación Recapacitación , búsqueda de equilibrio, pequeños cambios y proyectos, intentos para seguir adelante a pesar de la
carga que supone el proceso demencial.
7. Aceptación Especie de tristeza serena, pero ya sin angustia. Capacidad para recordar con cariño lo que era aquel familiar antes de demenciarse, pero va sin derrumbarse, sin sufrimiento.
8. Reorganización Se retoma la vida y surgen nuevas propuestas.
Reanudación de la actividad, establecimiento de nuevas habilidades y roles que llevan a la adaptación de la vida cotidiana a la nueva situación. El pasado no se olvida; queda en la memoria como
un buen recuero, pero ya sin efecto traumático.
Todas estas etapas suelen darse cuando el duelo lleva un curso adecuado. A veces duran más, a veces menos, a veces se solapan o alteran un poco cl orden natural, dependiendo de la persona y la coherencia familiar preexistente. Y sobre todo, es algo natural y normal. Todas estas reacciones, por muy intensas que sean, son
normales; no patológicas.
Y lo más importante de todo: cuando tiene lugar una desgracia de este tipo en un ser querido hay que pasar por ellas. Para que el duelo se supere y esté bien elaborado hay que sufrirlas. Alguien comparó el duelo a un túnel por el cual hay que atravesar una zona de oscuridad para poder alcanzar la luz. Los que se detienen o vuelven atrás sólo prolongan las tinieblas. Pena, negación, rabia, culpa... son emociones normales en el proceso del duelo. Y hay que dejar que se expresen y liberen en su justa medida. Sin tragárselas, sin represión.
Que salgan al exterior. Son como una mala digestión que es preciso vomitar para quedarse a gusto.
Si no se pudren y enquistan en nuestro interior provocando «malos rollos» psicológicos que antes o después van a distorsionar nuestra existencia. Podemos sentir pena. ¿Lloramos por el afectado o por nosotros mismos al sentirnos desvalidos y abandonados? «¿Qué será ahora de él, que será de mi? Nos viene el temor a que nos pase lo mismo, a la propia demenciación . Nos angustia el futuro «no estoy preparado para esto y acabara conmigo. Podemos sentir culpa. Por creer no estar haciendo lo suficiente o lo correcto, por creer que no se siente el cariño que debería sentir, por sentir a veces odio y malos deseos hacia el familiar con demencia...
Todo es normal y no debemos avergonzarnos. Al contrario: la forma de superar todo eso es la expresión clara y llana de todos esos sentimientos. La expresión sentimental descubre muchas cosas de uno mismo, purga nuestro interior y ayuda a conocernos mejor. Descubre nuestras debilidades, nuestras fortalezas y nuestros límites.
Si todo este conocimiento se aprovecha, nos puede incitar al cambio, dándonos cuenta de que sólo el presente, y no el pasado, se puede cambiar. Y que el futuro dependerá de los cambios que hagamos en este presente para adaptarnos. No queda más remedio que aceptar la realidad de la pérdida: Separar, lo más claramente posible «su demencia de mi cor-dura. Encajar que el demenciado es quien más ha perdido: la capacidad para razonar, cosa que el cuidador, el familiar aún posee. Para elaborar y asimilar todo esto, muchas veces es precisa la ayuda y el asesoramiento psicológico para no derrumbarse y quedarse a medio camino. Por ello, tan esencial como los cuidados que debe recibir el enfermo de demencia lo son los apoyos que pueda agenciarse quien ha de llevar la carga cotidiana de su cuidado.

miércoles, 14 de octubre de 2009


El envejecimiento más temido
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“Sigo trabajando mientras no me llegue el alemán”. Frase popular que encierra un halo de misterio por esta enfermedad que afecta el cerebro.
Dr. Carlos Eduardo Trosman (*)

Jamás se hubiera imaginado Alois Alzheimer que en la Argentina de los 2000 bautizarían jocosamente como “el alemán” a la enfermedad que magistralmente describiera en 1912 y que como homenaje póstumo fuera denominada con su nombre. Tampoco es casual que un humorista como Luis Landriscina, lo mencionara de ese modo en una publicación aparecida hace un tiempo donde su frase textual decía: “Sigo trabajando mientras no me llegue el alemán”.

El lenguaje popular suele hacer referencia a la muerte y a las enfermedades temidas por sus graves consecuencias, riéndose de ellas. Así se hace más soportable la realidad, cuando ésta nos enfrenta a situaciones que no podemos controlar.

El cuerpo humano envejece de distinta manera para cada individuo, pero por cierto, el envejecimiento más temido es el del cerebro: porque se va a alterar la memoria, nuestra conducta y nuestra relación con el mundo.

Gracias a nuestra memoria es que podemos saber que somos la misma persona siempre.

Enfermedad de Alzheimer ¿una moda?

Si hace casi un siglo fue diagnosticada, ¿por qué ahora se habla tanto de ella? Actualmente la medicina cuenta con medios que le permiten hacer diagnósticos más certeros y en el caso de esta enfermedad, se la puede diferenciar de otras que componían el grupo de la Demencia senil. Se pasó del diagnóstico tardío, basado en los síntomas clínicos, muchas veces avanzados, a un diagnóstico precoz. Hoy sabemos que la Enfermedad de Alzheimer la padecen la mitad de los afectados por demencia. Por eso llegó a ser popularmente conocida y es el motivo por el que se asocia con ella a cualquier tipo de afección cerebral que comprometa la memoria.

La pérdida de memoria ¿siempre es demencia?

No. El temor de padecer una demencia surge cuando, acercándonos a los 60 años, perdemos la agilidad para recordar nombres propios, lugares o algo dicho hace poco tiempo. Hay muchas causas para esos olvidos. Por eso es conveniente la consulta al médico especialista, para determinar las verdaderas causas de estos olvidos o distracciones, que pueden llegar a afectar las actividades de la vida diaria.

¿Qué son las demencias?

Son afecciones cerebrales que las padecen principalmente personas mayores y el número de afectados aumenta con la edad. Existen distintos tipos de demencias, pero lo que tienen en común es la alteración de las actividades mentales cognitivas, entre las cuales están la memoria y la capacidad de ubicarnos en el tiempo y en los lugares; éstas tempranamente manifiestan fallas que alerta a la persona que las padecen o a su familia.

Múltiples causas que provocan daño en el tejido cerebral provocan una demencia. En las demencias tóxicas, metabólicas o infecciosas, el cerebro sufre un daño que es reversible cuando tempranamente se aplica el tratamiento adecuado. Dentro del grupo de las infecciosas está la provocada por el virus del SIDA, que genera demencia en gente joven. Otras, son de origen degenerativo. ¿Qué es esto? En un determinado momento de la vida de los adultos mayores se desencadenan fenómenos físico-químicos dentro de algunas células cerebrales - llamadas neuronas - que conducen a la muerte de éstas en forma progresiva. En éste grupo encontramos a la Enfermedad de Alzheimer. Tomando en cuenta la edad de aparición se ha clasificado en dos grupos: uno llamado Familiar, de aparición temprana, en la década de los 50 y otro denominado Esporádica que se manifiesta pasados los 65 años y el riesgo de padecerla aumenta con la edad.

También irreversibles son los daños de causa vascular, como la Demencia arterioesclerótica o multi-infarto; la muerte celular en este caso se debe a la falla de la irrigación cerebral por oclusión o ruptura de pequeñas arterias.

¿La enfermedad de Alzheimer se puede prevenir?

Dado que la enfermedad tiene una determinación genética, que es mayor en la forma Familiar, no podemos prevenirla, pero hay algo muy importante que está en nuestras posibilidades hacer y apunta a estar mejor preparados para afrontarla si es que aparece.

Desde jóvenes debemos cuidar nuestra salud física en general y la del cerebro en particular. ¿Qué ayuda a mantener sanas las neuronas? Una dieta con verduras y frutas frescas, provee al organismo de antioxidantes y más pescado, que nos provee de los ácidos grasos omega-3, que son ácidos grasos esenciales que el organismo no los produce; también están en algunas fuentes vegetales como nueces y las semillas de lino y zapallo. Debemos evitar el cigarrillo y controlarnos periódicamente para detectar a tiempo un posible riesgo cardiovascular. No permitir que el stress o las depresiones se prolonguen sin tratamiento. Se comprobó que la actividad física, practicada de acuerdo a la edad en forma sistemática y permanente, estimula las células madres que se transforman en neuronas que reemplazarán otras deterioradas. Fundamental es mantener la actividad intelectual sin interrupciones, que incluya la lectura y ejercicios de memoria; hay talleres especiales que lo practican. Ya en la vejez, la reducción de parte de la ingesta habitual, también activa células madres.

Finalmente debemos saber que el diagnóstico precoz de la enfermedad permite instalar un tratamiento que será más eficaz cuanto más temprano comience.

Dr. Carlos Eduardo Trosman

v Médico Especialista en Psiquiatra.

v Psicoanalista, miembro de la International Psycho-Analitical Association.

v Magister en Psiconeurofarmacología por la Universidad Favaloro.

v Docente de Salud Mental, Fac. Medicina UBA y Fac. Psicología USAL.

v Coordinador del Área de Adultos Mayores de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires-APdeBA.

v Miembro de la C.D. de la Asociación Latinoamericana de Psicogeriatría y Psicogerontología-ALAPP.

v Ex Jefe de Centro de Salud Mental No. 1 del Gobierno de la Ciudad de Bs. As.

v Ex médico ad-honorem del Htal. Centenario, coordinador del primer equipo de Salud Mental hospitalario de Gualeguaychú.


fuente: http://www.eldiadegualeguaychu.com.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=35715&Itemid=2