La psicología social, como disciplina y herramienta técnica, instrumenta para el abordaje, indagación, diagnóstico, planificación y operación en los distintos ámbitos en los que se cumplen procesos de interacción. Estos ámbitos, caracterizados como ámbito grupal, institucional y comunitario, pueden ser abordados desde un esquema conceptual común, pero presentan variables específicas que requieren manejo técnico diferenciado. Enrique Pichon Riviere
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domingo, 16 de septiembre de 2012
En etapas tempranas de la vida, el aislamiento social daña el cerebro.
Con un experimento en ratones jóvenes, el científico argentino Gabriel Corfas mostró que la interacción con otros es necesaria para la correcta formación de las neuronas.
Por Nora Bär. LA NACION.
La ciencia está trazando un mapa cada vez más detallado del impacto desolador que tiene el abandono en el cerebro infantil.
Los estudios de Jean Decety en la Universidad de Chicago, muestran que los circuitos neuronales de los chicos desatendidos o maltratados en los primeros meses de vida se "ensamblan" distinto de los que reciben alimento y afecto. Un trabajo recientemente dado a conocer por Charles Nelson y Margaret Sheridan, que siguieron durante 12 años a chicos que iniciaron sus vidas en orfanatos rumanos célebres por su trato despiadado (donde un solo preceptor se ocupa de 20 "internos"), documentó déficits cognitivos, problemas de desarrollo, enfermedades mentales y hasta reducciones en el tamaño del cerebro en los que habían pasado sus primeros dos años en una de esas instituciones.
Ahora, en una investigación realizada con Manabu Makinodan, Kenneth Rosen y Susumo Ito, del Hospital de Niños de Boston , el científico argentino Gabriel Corfas pudo cartografiar con mucha precisión cómo se traduce en el nivel molecular el aislamiento en etapas tempranas de la vida: los científicos vieron que, en ratones que fueron aislados de sus congéneres durante dos semanas inmediatamente después del destete, se daña el desarrollo de las células que cubren y protegen los axones [prolongaciones por las que se transmiten los mensajes] neuronales de la corteza prefrontal, llamadas "oligodendrocitos". Son las que forman la mielina o "sustancia blanca" del cerebro, también conocida como "glia".
"El aislamiento social y un entorno desprovisto de estímulos afecta el desarrollo de las células aisladoras del cerebro -explica Corfas, cuya investigación se publica hoy en Science -. De hecho, parece que hay un período distintivo en el que las experiencias sociales contribuyen a la maduración apropiada de estas células. Comparados con ratones que fueron criados con compañeros de juego y un abastecimiento rotativo de juguetes, los individuos aislados experimentaron cambios en la función cerebral que no pudieron ser revertidos reubicándolos luego en un entorno más social y estimulante."
Las huellas del abandono
Estos hallazgos se suman al creciente cuerpo de investigación en humanos que muestra que el abandono en la niñez puede resultar en disfunciones cognitivas y sociales en la adultez. Pero agregan nuevas piezas al rompecabezas: Corfas y colegas descubrieron, por ejemplo, que la falta de interacción social reduce la expresión de una molécula señalizadora crítica para el desarrollo de los oligodendrocitos. Es más, si alteraban las moléculas implicadas en la maduración de la mielina, los animales que estaban en un ambiente enriquecido se comportaban como si hubieran estado aislados.
"Hasta ahora, la comunidad científica se concentró en entender cómo la experiencia regula la formación de los circuitos neuronales -subraya Corfas-. Nuestros experimentos muestran que los efectos de la experiencia también son muy significativos en la glia."
Se sabe cuál es la función de la materia blanca: acelera los impulsos nerviosos, de modo que los axones mielinizados los conducen con mayor fidelidad que los no mielinizados. Pero según el científico no se puede precisar a qué edad humana corresponde la de los roedores estudiados.
"Es difícil correlacionarlas -afirma-. Pero lo interesante es que, en personas, la mielinización de la corteza prefrontal se extiende durante las primeras dos décadas de vida, y las experiencias pueden llegar a afectarla o a mejorarla. Es una región que madura lentamente. Los ratones podrían tener una plasticidad más limitada que los humanos, de modo que podría pensarse que ciertos tratamientos podrían lograr mejorías en los chicos."
Para Facundo Manes, director de Ineco, del Instituto de Neurociencias de la Fundacion Favaloro y de la División Latinoamericana de la Sociedad para Neurociencia Social, que no participó de la investigación, estos resultados ayudan a entender la neurobiología del aislamiento social temprano y muestran que existe un periodo crítico para este proceso.
"El ser humano es básicamente una criatura social -dice-. La complejidad de nuestro cerebro es consecuencia, al menos en parte, de la complejidad social que ha alcanzado nuestra especie a lo largo de su evolución. La supervivencia de la especie humana depende de la interacción social, es decir, del carácter de los vínculos que uno establece con los otros. El aislamiento social temprano se correlaciona con una disfunción cognitiva, social y conductual en la vida adulta. Un período crítico es un tiempo durante la vida de un organismo en el que éste es más sensible a influencias del ambiente o estimulación. Los neurocientíficos estamos comenzando a comprender por qué los períodos críticos existen y por qué tienen un valor adaptativo para el organismo."
Y agrega que este elegante estudio tiene implicancias no solamente para el desarrollo normal del cerebro, sino para entender la neurobiología de diversos trastornos neuropsiquiátricos. De hecho, algunas evidencias sugieren que la inteligencia y varios desórdenes mentales podrían depender de conexiones cerebrales constituidas exclusivamente por sustancia blanca. "Por ejemplo, la relación entre materia blanca y gris está alterada en problemas como el autismo", concluye Corfas.
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sábado, 5 de febrero de 2011
Feria LA SALADA
La Salada: viaje al mercado informal mayorista más grande de Latinoamérica
Todos los miércoles y domingos, 20 mil personas compran a muy bajo precio todo tipo de productos de dudosa procedencia. Se erige así un importante polo de desarrollo informal en una de las zonas más postergadas de la metrópolis Buenos Aires. La opinión de un especialista sobre las características del sector informal.
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En el corazón de la metrópolis Buenos Aires, emerge una gigantesca feria que miércoles y domingos abastece con electrodomésticos, cds, películas y ropas a más de 200 ferias de todo el país. Con una singularidad: gran parte de todo lo que se vende es “trucho”. La Salada es el mercado informal más grande de la Argentina; otros análisis más ambiciosos, como el de la Unión Europea, lo señalan como el principal de América Latina1.
El predio se encuentra a orillas del Riachuelo en Ingeniero Bunge, una de las zonas más postergadas de Lomas de Zamora. Ocupa una superficie de 20 hectáreas, similar a la del barrio porteño de Once. En sus más de 6000 puestos se venden a precio muy barato todo tipo de productos de dudoso origen. La vox populi apunta al contrabando, los “piratas del asfalto” y los talleres clandestinos. Su funcionamiento implica toda una red de complicidad que incluye a políticos, jueces, policías y la AFIP2. Se estima que por semana los ingresos alcanzan los 30 millones de pesos (más de 1000 millones anuales). Se trata de una verdadera Ciudad del Este metropolitana.
La Salada abre las puertas dos veces por semana. Desde la tarde hasta la madrugada del día siguiente, todos los miércoles y domingos los compradores minoristas recorren las tres ferias que la conforman –Punta Mogotes, Urkupina y Ocean– para adquirir barato todo tipo de productos que después se revenderán en tiendas reconocidas del país y a un precio varias veces más elevado. Se estima que diariamente pasan por la megaferia más de 20 mil personas. La Salada se convierte así en uno de los actores fundamentales en lo que respecta a la distribución de productos “truchos” en la Argentina; en el rubro ropa, por ejemplo, la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria sostiene que el 50% de lo que se vende en el país es ilegal.
El origen de la feria se remonta a 1991 cuando un grupo de bolivianos se ubicaron en unos terrenos abandonados a vender ropas importadas y comida3. Esos mismos territorios habían sido pensados en tiempos peronistas como balnearios para los trabajadores industriales. Al ver que el negocio se hacía redituable, los vecinos de la zona, uno de los mayores bolsones de pobreza de la metrópolis, decidieron sumarse al emprendimiento. Dieciséis años después, La Salada se convirtió en uno de los principales mercados informales del país. Cada puesto se alquila entre 150 y 200 pesos la noche y otorga ganancias, en temporada alta, por $ 500. De los ingresos, viven más de 6000 familias en uno de los barrios metropolitanos con mayores niveles de pobreza y desocupación.
La dirección del lugar también es “informal”: los “administradores”, así se llaman a los propietarios del lugar, forman parte de una red de complicidades en la que además participan los sistemas políticos, judiciales y de seguridad. No pocas veces abundan las prácticas coercitivas y cuasi mafiosas. También, los “administradores” pavimentan calles, entregan medicamentos, desarrollan un comedor escolar y “garantizan” la seguridad de la zona, los que les permite gozar de cierta legitimidad social entre los puesteros y la gente del barrio4.
La economía informal
Con ganancias que rondan los $ 1000 millones, la megaferia La Salada es un destacado polo de desarrollo informal. ¿Qué implican las actividades informales? El economista Ricardo Gerardi5 sostuvo a ID Metropolitano que “los sectores informales son los que carecen de regulación o los que no obedecen a las reglamentaciones legales existentes. La idea de un ‘Sector informal’ en la economía fue sugerida en 1969 en un informe de la Organización Internacional del Trabajo”.
Sin embargo, la mirada sobre el fenómeno debe considerar múltiples aristas. En este sentido, continúa Gerardi: “Se debe tener en cuenta la ‘complejidad’ del tema. Deben contemplarse otros aspectos como por qué el sector formal no puede incorporar a estas personas a actividades legales. En este punto, se podría indicar que nuestras economías no han podido articular un nivel y ‘calidad’ de crecimiento con el acceso a diversas posibilidades de ocupación, de mejora sostenida de la distribución del ingreso”.
El economista subrayó la participación del Estado para “promover medidas de redistribución del ingreso, teniendo en cuenta no sólo la ‘función’ que cada uno ocupa en la sociedad, sino también su distribución en el territorio, por eso debe hacerse hincapié en los desarrollos de las economías regionales del interior y de los países limítrofes”. En este camino, Gerardi afirmó que hay que “profundizar lo que se viene haciendo desde el INTI y Desarrollo Social sobre lo que se denomina ‘economía popular’ en particular en sus variantes solidarias”.
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