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lunes, 12 de abril de 2010


Síntomas obsesivos en la infancia, trastorno en el adulto

Sufrir obsesiones y rituales compulsivos en la niñez predispone a padecer trastorno obsesivo compulsivo en la edad adulta
Cerca del 8% de los niños sufre obsesiones y rituales compulsivos. Al crecer, por norma general, se produce una remisión definitiva de esta conducta y muy pocos desarrollan el llamado trastorno obsesivo compulsivo (TOC), un mal que sufre el 2% de la población. Sin embargo, ahora un nuevo estudio internacional asegura que la reiteración de estos síntomas durante la infancia podría multiplicar la posibilidad de desarrollar TOC en la edad adulta. Es en esta edad cuando padecer esta enfermedad se convierte en un gran problema, por su cronicidad y difícil tratamiento. Centrar los esfuerzos terapéuticos en estos niños podría ayudar a reducir las cifras de afectados de esta enfermedad.

Autor: Por NÚRIA LLAVINA RUBIO


El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es un estado en el que se muestra un sentimiento de compulsión por realizar una acción, persistir en una idea, recordar una experiencia o insistir sin sentido en asuntos abstractos. Este sentimiento, además, causa malestar intenso e interfiere en la vida cotidiana de quien lo padece, tanto en las actividades laborales como en las relaciones sociales y las rutinas diarias. La mayoría de las personas que lo sufren reconocen que sus obsesiones proceden de su propia mente, y se oponen tanto a ellas como a las actitudes compulsivas que se derivan. No obstante, no consiguen evitarlo.

La combinación de las dos palabras, obsesión y compulsión, explica todos estos síntomas y da nombre al trastorno. La primera se refiere a pensamientos, ideas, temores o imágenes que se presentan de forma persistente y recurrente y que causan malestar. Las compulsiones (o rituales compulsivos) se refieren a las conductas o pensamientos repetitivos y estereotipados destinados a reducir el malestar que generan estas obsesiones (lavarse las manos con frecuencia, no pisar determinados sitios al andar, contar de forma insistente o rezar, etc.).

Los principales focos de obsesión son la limpieza y el lavado, la comprobación ante la duda, el coleccionismo y la acumulación sin medida, el recuento y la repetición, y el exceso de orden y la organización.
Control en la infancia

El TOC suele aparecer a edades jóvenes, pero su inicio puede abarcar desde la escuela hasta la edad adulta. Éste es un dato positivo: en adultos supone una enfermedad crónica y un grave problema terapéutico, por lo que si se trata en la infancia se podrían evitar su desarrollo posterior y muchos diagnósticos tardíos. Así lo asegura un estudio multinacional reciente que por primera vez ha hecho un seguimiento de diversas variables psicológicas a largo plazo, desde el nacimiento hasta la edad adulta.

Las personas que sufren este trastorno reconocen sus obsesiones y se oponen a ellas y a las actitudes compulsivas que se derivan sin éxito

También es el primer estudio en relacionar los síntomas obsesivos y los rituales compulsivos en la infancia con el riesgo de padecer un TOC en la edad adulta. El estudio confirma lo que cerca de un 33% de adultos con un TOC asegura: que sus síntomas ya habían aparecido durante su infancia. Este trabajo lo ha llevado a cabo un equipo internacional coordinado por el investigador español Ángel Fullana, miembro del Departamento de Psiquiatría y de Medicina Legal de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) e investigador del King's College de Londres.

Los resultados, que confirman que la reiteración de conductas obsesivas durante la infancia aumenta el riesgo de desarrollar un TOC en la edad adulta, inciden en la necesidad de enfocar los esfuerzos preventivos en los niños con estos síntomas, ya que se ha comprobado que en el resto de la población este riesgo es menor.

Aunque los datos provienen de Nueva Zelanda, estos pueden, según los investigadores, extrapolarse al contexto español, ya que las características y la incidencia de este trastorno son similares en todas partes. La investigación se ha elaborado a partir de los datos del llamado "Estudio Dunedin", que desde hace 36 años se está realizando en Dunedin (Nueva Zelanda) con una muestra de 1.000 personas.

Los investigadores evaluaron la evolución de dos variables en diversos momentos de la vida de los participantes (11, 26 y 32 años). Una de estas variables fue la presencia reiterada de ideas obsesivas (pensamientos recurrentes y no deseados de poder hacer daño ajeno, por ejemplo). También fueron evaluados rituales compulsivos como la necesidad de lavarse las manos de manera reiterada, de comprobar una y otra vez pequeñas tareas cotidianas o de hacer acciones repetidas sin sentido. Los resultados mostraron que un 8% de los niños estudiados a los 11 años presentaban síntomas obsesivos, los cuales mostraron tener seis veces más probabilidades que el resto de desarrollar TOC en la edad adulta.
Diagnóstico y tratamiento

Los resultados, según el experto, no deben crear alarma, ya que estos síntomas "son muy habituales entre los ocho y los diez años de edad, y la frecuencia de la enfermedad en la edad adulta no llega al 2%", por lo que los porcentajes varían bastante. Lo cierto es, sin embargo, que el TOC es una enfermedad infradiagnosticada. Cerca de un millón de personas lo padecen en España, pero muchos pacientes tardan una media de nueve años en ir por primera vez al médico, algo que dificulta mucho su tratamiento.

Diversos estudios han observado, además, que los pacientes pasan una media de 17 años desde el inicio del TOC hasta que obtienen el tratamiento adecuado, o que es muy fácil que una persona con la enfermedad guarde secretamente sus síntomas. Estos aspectos dificultan aún más el diagnóstico. El TOC viene condicionado por antecedentes familiares con la enfermedad. Por la eficacia de los antidepresivos inhibidores de recaptación de serotonina (ISRS) usados en el tratamiento del TOC, se cree que se debe a una alteración de la serotonina. Se han encontrado también alteraciones en la función en circuitos cerebrales que comunican a los ganglios basales con la corteza cerebral, y en concreto en una zona llamada núcleo caudado.

Su tratamiento tiene un importante componente psicológico, basado en técnicas de exposición y prevención de respuesta para controlar la ansiedad. También consta de terapia farmacológica basada en la administració n de antidepresivos. Para diagnosticar un TOC, los síntomas deben prolongarse durante más de una hora al día, provocar malestar o alterar de forma significativa la vida cotidiana de quien lo padece.

TOC INFANTOJUVENIL

Durante la infancia, se dan muchos comportamientos obsesivo-compulsivo s que no corresponden al trastorno obsesivo compulsivo (TOC). El niño sano desarrolla rituales sin que estos interfieran en el resto de su vida y de su comportamiento. Puede jugar a no pisar las rayas de la acera mientras camina, llevar el día del examen un objeto concreto que considera que le da suerte, mostrarse muy meticuloso con sus pertenencias personales, ser autoexigente con sus estudios o comprobar que la puerta de la entrada está perfectamente cerrada cuando se queda solo en casa. Pero este chico es alegre, tiene amigos, es sociable, su proceso de aprendizaje es correcto y va bien en el colegio.

En cambio, estos mismos rituales generan estados de ansiedad, de malestar y de falta de control a niños con un TOC. Cambia su comportamiento y su carácter, baja su rendimiento escolar y les cuesta hacer amigos. Sus obsesiones se centran en temas sobre la muerte (posibilidad de morir ellos o algún pariente), en las diferencias sexuales entre niños y niñas (creyendo que no deben pensar en ello y que tener estas ideas no está bien), en las enfermedades de sus padres o de ellos mismos, en el miedo a contaminarse o en el temor de equivocarse.

Estas obsesiones se corresponden a rituales parecidos a los de los adultos, como lavarse de forma continua, limpiar constantemente, realizar comprobaciones una y otra vez, preocuparse de manera excesiva por el orden, acumular cosas sin desprenderse de nada o repetir de forma incesante una acción para que no pase "nada malo".

El TOC infantojuvenil puede empezar a manifestarse cuando el niño tiene entre ocho y nueve años, aunque se han registrado síntomas a la edad de tres y cuatro años. La edad de inicio más frecuente se sitúa entre los 15 y los 20 años. Aunque la prevalencia ronda el 2%, los expertos consideran que puede ser aún mayor si se tiene en cuenta lo difícil que resulta identificar casos de TOC entre esta población, tanto por ser una enfermedad que los familiares no saben reconocer o "niegan" como por tratarse de un trastorno psiquiátrico que se desarrolla con frecuencia asociado a otros trastornos psíquicos (e incluso muchos padres lo asocian a "rarezas" o "cosas de niños" que irán pasando con la edad).

Con un tratamiento adecuado, la mejoría del niño con un TOC es considerable y éste acaba por adaptarse y llevar una vida relativamente normal. Para ello es necesario coordinar los esfuerzos de médicos, psicólogos, familiares y profesores, así como conocer las características del trastorno por parte de familiares y maestros para contribuir a su desarrollo y aprendizaje normal.

domingo, 24 de agosto de 2008

¿Ansioso yo?


Tres de cada diez personas no pueden dominar sus nivedes de ansiedad. Viven apurados o temerosos, algunos sin saber porqué. En nuestro país las mujeres son más ansiosas que los hombres y sufren trastornos asociados. Las causas, los efectos, los peligros.

por Eliana Galarza
Apurado, nervioso, Juan necesita tener todo bajo control. María no soporta las multitudes: sus manos empiezan a sudar apenas atraviesa las puertas de un shopping. Pedro no sabe muy bien lo que quiere pero lo quiere ya. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), alrededor de 6 millones de personas en la Argentina padecen trastornos de ansiedad. Y sólo 40 mil están bajo tratamiento. El resto, acelerado sin saber por qué, continúa deambulando por consultorios en busca de alguna respuesta. Que, por supuesto, reclaman cuanto antes.
Famosa a través de filmes como Mejor...imposible, en donde el personaje interpretado por Jack Nicholson es capaz de trabar 5 veces seguidas la puerta de su casa, víctima de un trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). O de El día que me amen -donde Adrián Suar también padece un TOC que le impide salir de su casa-, la ansiedad (y sus trastornos) es una de las amenazas más comentadas y en mayor crecimiento en todo el mundo.
Primero conviene aclarar que se ansioso, en dosis normales, no es malo. "La ansiedad es una respuesta normal y adaptativa, ante amenazas reales o imaginarias, que prepara al organismo para reaccionar ante una situación de peligro real o imaginario", explica Daniel Bogiaizian, secretario de la Asociación Argentina de Trastornos de Ansiedad. Es decir, ayuda a evitar algunas catástrofes. Ejemplo: Si no existiera un cierto grado de ansiedad frente a los autos que pasan por la calle no se percibiría esa situación como riesgosa y tal vez los peatones se lanzarían a cruzar sin mirar hacia los costados. ¿Cómo se manifiesta? A través de alteraciones psicológicas y físicas. Mientras dura, la tensión es permanente y provoca un desasosiego o sobresalto que puede ir en aumento. Otra señal: modifica momentáneamente el registro de temporalidad, pareciera que el tiempo se acelera, que pasa más rápido.
Parecidos y Diferentes
A veces, se confunde con angustia o con miedo, sensaciones diferentes aunque muy hermanadas. El miedo es un sentimiento o reacción de defensa frente a algo identificado. La angustia parece no tener motivos bien definidos. La ansiedad, en cambio, puede ser todo eso y además desencadenar síntomas físicos; de allí su riesgo porque puede desembocar (si no es tratada a tiempo) en serios desajustes. Suele aparecer frente a situaciones de cambio como rendir un examen, mudarse de casa, encontrarse con alguien para resolver un conflicto pendiente o estar en medio de un incendio u otra situación repentina y riesgosa. Cada uno de esos hechos tiene algo en común: son de resultado incierto. Pueden tener un final feliz o no.
Así, según las nomenclaturas médicas, existe una ansiedad paranóica o positiva, que puede manifestarse frente a un acontecimiento como casarse, viajar al exterior o asumir un nuevo puesto laboral, y una ansiedad depresiva o adversa que puede ser el resultado de un duelo, una obsesión o una crisis de pánico. En todos esos casos, su nivel es considerado normal y, especialmente, temporario. Es decir, cuando todo pasa, nada queda y se regresa a la situación anterior. El problema se presenta cuando el nivel es sobrepasado (eso se puede medir de acuerdo con la respuesta -exagerada- que se le da al estímulo que la provocó). La exageración puede estar representada por un desmedido temor. "Uno puede tener cierto recelo a estar en un lugar pequeño, pero cuando frente a esa situación se desata una especie de crisis de pánico, estamos hablando de claustrofobia, uno de los trastornos de ansiedad más conocidos", confirma el doctor Gustavo Bustamante, vicepresidente de la Fundación Fobia Club, una de las instituciones dedicadas a entender y ayudar a quienes padecen estos singulares trastornos. La Asociación Ayuda, dedicada a lo mismo, aporta otros datos. Asegura que las personas muy ansiosas pueden presentar alteraciones en el sueño (dificultades para conciliarlo, mantenerlo, o despertarse varias veces durante la noche); padecer contracturas y dolores musculares, dolores de cabeza, bruxismo (con pérdida de dientes en los casos más graves) y hasta aumento de la frecuencia cardíaca y de la tensión arterial (por el aumento de los niveles de noradrenalina). El área de la alimentación tampoco se salva: los ansiosos pueden sufrir alteraciones del apetito (hay personas que comen más cuando están más ansiosas y otras a las que se les "cierra" el estómago) o ser víctimas de la acidéz, las flatulencias, la diarrea y/o constipación. En la cama no les va mejor: pueden disminuir su libido y su respuesta sexual y, en muchos casos, tener eyaculación precoz. El caracter, claro, también se ve afectado porque acelera la impaciencia y la irritabilidad.Famosos y ansiososNi los personajes ilustres se salvaron o se salvan de padecerla: El emperador romano César Augusto le tenía miedo a la oscuridad. La reina inglesa Isabel I, pánico a las rosas. Sigmund Freud, temor a viajar en tren. El naturalista Charles Darwin sufría ataques de pánico sin motivos aparentes. El orador romano Cicerón -quién lo diría- tenía miedo a hablar en público. Gabriel García Márquez tiene miedo a volar, situación que graficó en esta frase: "Es uno de los pocos miedos que se le permite al macho latinoamericano". Y Woody Allen sufre de agorafobia (durante años prefirió no salir de su ciudad, Manhattan). En ellos, cabe aclarar, la ansiedad se transformó en patológica y derivó en trastornos, esos que cuando se conocen arrancan una mueca de asombro. Los más conocidos son:- Los obsesivo-compulsivos (TOC):Se manifiestan como ideas, imágenes e impulsos que la persona considera intrusas. Para evitarlas se recurre a rituales o conductas compulsivas. Ejemplo: cerrar una y otra vez la llave de gas.
-TAS (trastorno de ansiedad social):Temor a ser evaluado o criticado. Puede traducirse en dificultad para hablar o comer en público.-TAG ( de ansiedad generalizada):Preocupación constante y excesiva sobre una amplia gama de acontecimientos y situaciones. Produce inquietud, fatiga y falta de concentración. Quienes lo padecen imaginan catástrofes cuando un familiar se retrasa o no contesta el teléfono.
-TEPT (de estrés postraumático):Aparición de síntomas luego de un hecho estresante, traumático y real, como un accidente automovilístico.
-Los de pánico: El más conocido es la agorafobia, temor a alejarse de casa, a caminar solo en la calle-Las fobias específicas: temores irracionales ante objetos o situaciones.El orden de los factores¿Y por qué una persona puede ser más ansiosa que otra? La pregunta fue repetida tantas veces que ya existe una disciplina que se conoce como biología de la ansiedad, especializada en estudiarla a fondo. Según los datos de la Fundación Fobia Club, los factores que determinan las ansiedad son tres:La predisposición biológica o genética: se observó que regiones del cromosoma 15 tienen alteraciones y diferencias en las personas ansiosas (los cromosomas son porciones de ADN, tienen la información genética de cada individuo). La vulnerabilidad psicológica (si la persona se siente insegura e incapaz de resolver sus problemas). Y el contexto; lo que se aprende de la familia. Por ejemplo, predispone tener una madre que se angustia cuando sus hijos vuelven tarde o que da indicaciones del tipo "cuidado, hijo, que vas a chocar".Número x númeroEn Buenos Aires y Capital Federal, las consultas por trastornos de ansiedad son casi el 50% de las consultas recibidas en centros asistenciales públicos, según datos del libro Ataques de pánico y trastornos de fobia y ansiedad, de los doctores Carrión y Bustamante, presidente y vice del Fobia Club. La cifra creció 20% en los últimos años, "debido a los estresores psicosociales (esas situaciones que a cualquiera preocupan) que colaboran con el desarrollo de las patologías", puntualiza Bustamante. Se calcula entonces que los niveles en la Argentina serían similares a los de España y de los EE.UU., donde entre un 20 y 30% de la población tendría posibilidad de desarrollar un trastorno de este tipo. Se sabe además por relevamientos de la OMS, que 3 de cada 10 personas en el mundo no pueden dominar su ansiedad. Y que, en nuestro país, las mujeres son más ansiosas que los hombres: 7 de cada 10 consultas que recibe la Asociación Ayuda son femeninas. Y que los riesgos físicos son serios. "Estas personas complican su cuadro porque suelen automedicarse y además porque pueden demorar entre 1 y 10 años antes de llegar a la consulta", advierte el psiquiatra Eduardo Kalina. Apuradas para algunas cosas, pueden ser muy lentas para otras.Los chicos tambiénLos chicos no están a salvo de la ansiedad. Según el doctor Bustamante, vicepresidente del Fobia Club, el trastorno de ansiedad por separación es uno de los más frecuentes. Lo padacen criaturas menores de 6 años y se manifiesta como un temor excesivo a alejarse de los padres. La ansiedad social también puede afectarlos: aparece como una inhibición social frente a desconocidos. El trastorno obsesivo-compulsivo tampoco es patrimonio exclusivo de los adultos. Especialmente porque sus primeras manifestaciones se notan en la niñez. El 50% de los chicos pueden ser sus víctimas. Comienza con algunos tics, como la necesidad de lavarse las manos con frecuencia. Sus principales señales aparecen entre los 6 y los 7 años. Sin embargo, la estrella de las fobias infantiles es la escolar. Es el típico miedo a ir a la escuela cuando toman exámenes orales o temor a leer frente a los compañeros. Otras fobias denominadas específicas, son el temor a los sapos, las cucarachas o las tormentas. Laura Coccia, del Departamento de Niños de la Asociación Ayuda, agrega los síntomas que pueden ayudar a descubrir a un chico ansioso: llanto fácil, susceptibilidad, sudoración, tics, conductas de huída, preocupación por las sensaciones físicas, perfeccionismo, miedo a estar solo, confusión, tono de voz nervioso, sensaciones de ahogo y opresión en el pecho, apatía, vergüenza. Ante cualquier sospecha, lo mejor es consultar, tener paciencia y no sacar conclusiones apresuradas. Porque hasta a los profesionales más eminentes les resulta complicado realizar sus diagnósticos en los chicos.