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miércoles, 11 de septiembre de 2013

Cómo preparar a ancianos para que acepten acompañantes en casa

SE BUSCA: acompañante con licencia que asista a tiempo completo en casa a una pareja de ancianos que se resistirán firmemente a que un extraño trate de invadir la privacidad de su hogar. ¿Quién iba a pensar que su casa sería también el lugar de trabajo de un acompañante de ancianos?
Las personas mayores de 65 años se muestran cada vez más proclives a aceptar la recomendación de sus hijos de que abran las puertas de sus casas a acompañantes remunerados, cuya presencia redefine el concepto del hogar.
En algunos casos los auxiliares son bienvenidos y se convierten en parte de la familia. En otros, las personas mayores pueden verlos como intrusos e insultarlos cuando tratan de bañarlos o alimentarlos.
El grueso de las personas mayores dicen que prefieren quedarse en casa en lugar de mudarse a residencias para ancianos o irse a vivir con parientes o amigos, de acuerdo con una encuesta realizada en el 2007 por la Asociación de Personas Retiradas (AARP por sus siglas en inglés). El hogar parece ofrecer familiaridad, privacidad e independencia. En algunos casos, las personas se quedan en sus casas porque no las pueden vender.
Pero pasar los años dorados en casa a menudo implica adaptar tanto la casa como la mentalidad para vivir con acompañantes.
El primer obstáculo es el psicológico
"Una vez que conseguimos que mi querida y dulce suegra de 80 años sobrepasara la primera batalla _ el decir "no necesito ninguna ayuda, estoy bien" _ ella no quería ayudantes en su casa que no fueran parte de la familia", dijo Cheryl Phillips, un médica en San Francisco, especializada en geriatría y ex presidenta de la Sociedad Americana de Geriatría.
"¿A cuántos de nosotros le gustaría que alguien que no conocemos _ y que tal vez no nos guste _ esté viviendo bajo nuestro mismo techo, creando una relación muy íntima que no es nuestra propia elección?", pregunta Phillips. "¿Pueden los ayudantes ver tu televisión?, ¿Pueden parquear su automóvil en tu garaje?, ¿Pueden traer a sus hijos de visita?. Hay que resolver todos esos aspectos".
Los expertos ofrecen estos consejos para acomodar con el mínimo estrés a un acompañante de una persona mayor:
- Incorporarlo a la casa poco a poco, en turnos cortos, aconseja Eric Rackow, profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York y presidente de Senior Bridge, una organización que administra servicios de atención en el hogar.
Esté preparado para que la persona mayor se enfrente a la nueva realidad donde hay una persona que no sólo es alguien que comparte la casa, sino que se trata de un extraño del que la persona mayor puede ser dependiente cuatro, ocho o 24 horas al día, aconseja Rackow.
- No se olvide que los asistentes tienen también sus propias vidas.
"Para demostrar interés por un ayudante", dice Rackow, "considere mostrarle donde puede poner cómodamente sus cosas personales, y ofrézcale agregar algunos alimentos que le gusten a la lista de compras, especialmente si el asistente va a trabajar largas jornadas o va a residir en la casa".
- Sepa cuáles son los objetos valiosos de las personas mayores.
"Les pido a los ancianos que piensen en sus acompañantes como en cualquier otra persona que pueda ir a su casa a prestar un servicio", dijo Shellie Williams, una médica especialista en geriatría del Centro Médico de la Universidad de Chicago. "Por lo tanto, no deben dejar dinero en efectivo, tarjetas de crédito, documentos legales o información médica o financiera a la vista".
Verifique la identidad del ayudante antes de admitir a un extraño en su casa, dijo Williams.
- Establezca las reglas del juego.
La casa es de la persona mayor, no del ayudante, dijo Williams.
"Los acompañantes son empleados contratados para prestar un servicio", declaró Debra Greenberg, una psiquiatra y trabajadora social con experiencia en geriatría del Centro Médico Montefiore en Nueva York. "Convertirse en parte de la familia podrá crear una expectativa poco realista si pensamos en los acompañantes como en un familiar suplente".
A veces los límites pueden no estar muy claros. Algunas familias establecen vínculos estrechos con los acompañantes.
Pero no pierda de vista la relación laboral. "Usted no solo quiere una persona que sea buena", dijo Marki Flannery, presidenta de Partners in Care, una compañía afiliada a Visiting Nurse Service, firma de New York que presta servicios de cuidados de ancianos. "Usted quiere a alguien que ha sido recibido entrenamiento y sabe cómo proporcionar la mejor atención posible al cliente"
"No contrate a alguien que cree que va a ser un buen amigo", dijo Flannery. "En su lugar contrate a alguien que esté entrenado para actuar como un invitado en casa del cliente, amigable pero profesional".

Autor: Editor EA
http://informe21.com/

sábado, 9 de octubre de 2010


Muchas y tantas cosas he recibido en los últimos meses, muchas y tantas descarté, muchas no habría deseado dedicar un minuto de mi vida a leerlas, y otras tantas son excelentes y siguen actuando de fortalecedor (ante la gran debilidad que el alma muchas veces siente)...
Éste texto de Alejandro Palomas, es uno de esos mensajes que no puedo dejar de publicar en menos de un minuto, porque cuando uno toma el rol de "acompañante" es de por vida, es para siempre, es sin recreos, es sin vueltas, es sin "peros", es sin "pagos", es sin esperar nada a cambio; y muchos no lo entienden,un pequeño, pequeñísimo porcentaje de seres cercanos antes de la realidad actual, se mantienen cerca a partir de ésta realidad...
Uno juega a un torero ciego, que enfrenta un toro rabioso y enorme (la vida cotidiana), y aprende a seguir adelante, haciendo de cada paso (el día a día), la única posibilidad, nada a proyectar, más a allá de hoy...
A quién se acompaña se lo hace desde el amor más profundo, y un logro, una mirada, un avance, borra toda angustia y toda pérdida previa...
No se imagina la vida sin ese ser a quien se ama y acompaña y sostiene y contiene, uno dedica su vida al nuevo rol y nunca se arrepiente de hacerlo...
¿Acaso si existiera arrepentimiento en la compañía, existiría amor verdadero?
Ninguno está lejos de padecer, y en el mientras no nos toque en el reparto, hay que sostener y contener a quien sufre...
Gracias Alejandro Palomas por lo escrito!!!
Mabel.-



Recordando a los que están
Este homenaje va pues para los padres, las madres, los hermanos y hermanas, las parejas y los amigos que apoyan, sufren, refuerzan, velan y atienden a las víctimas de la enfermedad mental que la vida les ha puesto en el camino.

Autor: ALEJANDRO PALOMAS

Mi post de hoy quiere ser un recordatorio y también un homenaje a todos aquellos (hombres y mujeres) que acompañan a diario -y en muchos casos desde la infancia- a los millones de personas que sufren algún tipo de enfermedad mental. Tan solo en España, los datos oficiales barajaban recientemente (en cifras publicadas por el Ministerio de Sanidad) 400.000 enfermos mentales severos crónicos y apuntaban a que una de cada cuatro personas sufriría algún trastorno mental más o menos grave que requeriría ayuda profesional a lo largo de su vida.

Quisiera, en un mes como este, volver la vista a un colectivo que, sin serlo oficialmente (y sin haber sido reconocido como tal), vive en gran medida entregado a la gestión del acompañamiento, sumergidos en una labor para la que no existen vacaciones, ni descanso, ni muchas veces alivio. Y cuando hablo de “acompañamiento” no me refiero a la compañía profesional ni a la que brindan las instituciones (enfermeras, médicos, centros de día, instituciones sin ánimo de lucro, voluntarios…), sino a los seres humanos que viven en compañía de un enfermo mental al que les une un lazo familiar o un vínculo emocional que, como ocurre con muchos otros, se renueva a diario –se refuerza a diario-.

Este homenaje va pues para los padres, las madres, los hermanos y hermanas, las parejas y los amigos que apoyan, sufren, refuerzan, velan y atienden a las víctimas de la enfermedad mental que la vida les ha puesto en el camino. Mi homenaje va para los invisibles, los que aguardan en las salas de espera de los hospitales de día a que niños, adolescentes y adultos de todas las edades aprendan a gestionar con normalidad una realidad salpicada de minas, amenazas y sombras que para ellos es, muchas veces, sinónimo de un sufrimiento insuperable. Mi voz está hoy con los que conviven con la enfermedad mental sin participar de ella, sin juzgarla, gestionándola desde la intuición –algunos con más recursos, otros con lo poco o mucho que da el cariño- y dando a diario una lección de entereza y de claridad emocional que yo admiro y que, a día de hoy, me paraliza por potente, por vital.

Ahí fuera –muchas veces ocultos de los ojos de esa gran mayoría que somos todos y todavía aparcados, estigmatizados, ensombrecidos y arrinconados porque sigue vivo el miedo y el rechazo a cualquier manifestación de enfermedad- hay un mundo de millones de personas que viven por dos, desdoblados. Son hombres y mujeres cuya cotidianidad está en gran parte dedicada a normalizar el día a día de un ser humano con el que de un modo u otro conviven: gestores emocionales de primera clase que se baten el cobre con lo más inmediato y a los que no vemos porque es más fácil reconocer y evitar al enfermo mental que admirar a aquellos que dedican gran parte de su energía a mimarlo, a cuidarlo y a velar por integrarlo en una realidad que sigue agrediéndolo, castigándolo muchas veces con más dureza que la que teme encontrar en el laberinto de su propia enfermedad.

Hoy quiero recordar a quien se apuntala contra la enfermedad mental y da su apoyo incondicional al enfermo. A quien no le tiene miedo porque el amor que siente por él puede con eso y con mucho más.

Sé que estáis ahí y que a veces –muchas- cuesta y duele seguir.

Sois grandes maestros. De todos. Gracias.

Sobre Alejandro Palomas (1967): Es escritor, guionista y conferenciante. Autor, entre otras, de las novelas Tanta vida (MR Ediciones) y El secreto de los Hoffman (Plaza y Janés), suya es también la obra de reflexión emocional El cuaderno del mago (Donde aguarda la felicidad) en MR Ediciones.